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La inestimable herencia de Grecia

En 1896 se celebraron los primeros Juegos Olímpicos, pero los primigenios, aquellos de los que Pierre de Coubertain quiso extrapolar la esencia del espíritu deportivo se remontan a la Grecia arcaica. Ya en el tercer milenio antes de Cristo, en Creta, Thera (la actual Santorini) y Micenas tuvieron lugar los primeros juegos atléticos, con el salto del toro (taurokathapsia), la lucha y el pugilato, como los más exitosos. El primero consistía en efectuar un salto mortal apoyándose en el momento justo en los cuernos del toro (el animal que simbolizaba el poder y la fertilidad en el antiguo Mediterráneo).

El espítiru deportivo y competitivo perduró con el paso de los años hasta concretarse en una actividad organizada con fecha y lugar propios: los Juegos Olímpicos del 776 a.C. celebrados en la ciudad de Olimpia para honrar a Zeus. Un mes antes de la celebración de los juegos, siempre en verano, los participantes se reunían para realizar la selección e inscripción en las competiciones. Los únicos requisitos para tomar parte en ellos eran ser griego y de condición libre. El evento podía ser presenciado incluso por esclavos y extranjeros, no así por mujeres, un hecho paradójico para el lugar donde nació la democracia.

Los juegos duraban siete días, entre pruebas y actos de celebración. El primer día se dedicaba a actos protocolarios y en los cinco siguientes se celebraban las pruebas deportivas:

La carrera: las pruebas de velocidad más importantes eran la carrera sobre la longitud del estadio de 192 metros y el diaulo, dos veces la longitud del estadio. El hoplitódromos, relacionada con el ámbito de la guerra, se trataba de una carrera en la que los participantes recorrían dos veces la distancia del estadio portando el equipo militar de hoplita (casco, grebas y escudo, todos ellos de un mismo tamaño y peso).

Lucha: Por un lado la lucha libre, en la que el objetivo era derribar tres veces al contrario, haciéndole tocar los hombros con el suelo, y por otro el pugilato o boxeo. En este deporte no se hacía distinción de pesos ni había limite de tiempo. Los atletas se enrollaban cintas de cuero en las manos fabricadas con piel de buey y competían hasta el derribo o abandono del contrincante. Cuando el combate se prolongaba sin un ganador se recurría al klímax, que consistía en que cada boxeador recibía por turnos y sin poder moverse un golpe de su rival hasta que uno de los dos caía. No obstante la prueba favorita de los espectadores era el pancracio, la más dura sin duda. Todo estaba permitido excepto los mordiscos y los golpes en los genitales o los ojos. Los atletas recurrían a las patadas, puñetazos, y llaves como el estrangulamiento. A veces el enfrentamiento se saldaba con la muerte de uno de los contendientes o incluso de ambos.

Hípica: Las competiciones hípicas se celebraban en el hipódromo, situado al sur del estadio. Las carreras de cuadrigas eran las más populares, en la que los participantes daban seis vueltas al hipódromo. El verdadero vencedor, y el que por tanto se llevaba todos los honores, no era el auriga sino el dueño de los caballos.

Pentatlón: Era una de las disciplinas más exigentes y duras, puesto que constaba de cinco pruebas: disco, salto, jabalina, carrera y lucha. En la prueba de salto, el deportista se valía de unas pesas, conocidas como halterio, para tomar impulso, mientras que en el lanzamiento de jabalina, el participante utilizaba una cinta estrecha de cuero que le servía de propulsor, alcanzándose marcas muy superiores a las actuales.

El último día se realizaba una procesión que recorría el recinto sagrado del Altis, en la que marchaban los Helanódicas (los jueces de los juegos), los miembros de las delegaciones oficiales portando ofrendas, los atletas con sus entrenadores y familiares, así como los asistentes a los juegos. Tras los sacrificios de bueyes ante el templo de Zeus, se anunciaba el fin de las competiciones y se proclamaba el nombre de los vencedores, a los que se le imponía la corona de olivo. Los vencedores, no sólo gozaban de la gloria y fama que le otorgaban sus conciudadanos en forma de estatuas y demás monumentos, sino que en muchas ocasiones se les aseguraba la manutención de por vida a costa del Estado.

La inestimable herencia de Grecia

Los primeros Juegos Olímpicos de la Edad Moderna fueron los de Atenas 1896. La adoración del barón Pierre de Coubertin, creador del movimiento olímpico moderno, por la Antigua Grecia, hizo que sus esfuerzos se dirigiesen en primer lugar a conseguir que Grecia se interesase en recuperar los Juegos y, en segundo pero no menos importante, a que consiguiesen dinero para financiarlos. Así, pese a haber fundado el Comité Internacional Olímpico en 1894, entregó su presidencia al intelectual griego Demetrios Vikelas, reservándose el cargo de secretario general. Para el resto del Comité nombró a personas de influencia en sus países, para asegurar una recepción favorable a sus ideas.

El problema principal fue que Grecia era el país más pobre de Europa. Sin embargo, la familia real griega se entusiasmó con un proyecto que promovería el orgullo patríotico y se movilizó en su favor. El primer ministro griego, Tricoupis, que se oponía al gasto en los Juegos, cayó en del poder, se recaudaron fondos por medio de emisiones numismáticas y colectas pero acabó siendo decisiva la aportación del millonario George Averoff, que donó un millón de dracmas de oro, con los que se pudo construir el Estadio Panathinaiko de Atenas, el primer estadio olímpico moderno.

Los Juegos Olímpicos de la Edad moderna se inauguraron por primera vez el 6 de abril de 1896 y duraron hasta el 15. Participaron 176 deportistas, todos hombres, de 12 países: Australia, Austria, Dinamarca, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Grecia, Hungría, Italia, Suecia, Suiza y Estados Unidos, de los que 10 consiguieron medalla. La expansión del deporte durante el siglo XIX hizo posible que la idea olímpica tuviese, aun con dificultades capacidad de convocatoria. La discusión sobre la modalidad de gimnasia que se adoptaría hizo, por ejemplo, que al preferirse la gimnasia alemana a la sueca este último país apenas enviase a un atleta.

Atletismo, ciclismo (ruta y pista), natación, gimnasia, tenis, lucha, halterofilia, esgrima y tiro fueron los primeros deportes olímpicos.

Connolly fue el primero

La primera prueba olímpica en disputarse fue una serie de 100 metros ganada por el estadounidense Frank Lane. James Connolly, también del equipo norteamericano, ganó el triple salto el primer día de competición y se convirtió en el primer campeón olímpico de la edad moderna.

El héroe de los primeros Juegos Olímpicos fue el pastor griego Spiridion Louis, primer ganador del maratón, prueba que no estaba incluida en los Juegos Clásicos pero que se creó como homenaje a estos. Pero también brillaron el alemán Carl Schumann, con cuatro oros ganados en gimnasia y lucha, y su compatriota Hermann Weingartner, con tres oros, dos platas y un bronce en gimnasia. El nadador húngaro Alfred Hajos, de 18 años, ganó los 100 y 1.200 metros libres, disputados en el puerto de El Pireo, con el agua a 13 grados de temperatura.

Falta de organización y de medallas

Pierre de Coubertín quería llevar los Juegos Olímpicos a París, pero a los franceses no les interesaba gran cosa el nuevo evento. Así, no se le ofreció más que formar parte de los actos de la Exposición Universal de París, pero en competencia con otros eventos deportivos, con profesionales, organizados por la Exposición. De este modo la segunda edición fue rebautizada con el nombre de Concursos Internacionales de Ejercicios Físicos y Deportes y se prolongó durante cerca de seis meses. No hubo ceremonias de inauguración ni clausura, las pruebas se desarrollaron en el mismo recinto que la Exposición, llegándose en muchas ocasiones a confundir las competiciones de los Juegos con las de la exposición.

Capítulo aparte merecieron los trofeos entregados a los vencedores. Si en Atenas tan sólo se entregaron medallas de plata y bronce, pero no de oro por su condición lucrativa, en París no se llegó ni a eso, concediéndose a los campeones, y no a todos (a causa de la constante desorganización, en algunas pruebas faltaron premios), diversos obsequos. Entre los premios concedidos se encontraron un bastón con puño niquelado, una reproducción de la Torre Eiffel, una boquilla de plata con estuche de peluche, unos pares de guantes, unas zapatillas o un bastón de bambú… Algunos vencedores rechazaron los premios y un atleta estadounidense hubo que remitió el suyo, una caja de peines, a la atención de la señora esposa del juez de su competición. Eso sí, con una amable y respetuosa tarjeta. Las competiciones no fueron un éxito de público: 3.000 personas se congregaron el día de más aforo.

Este desbarajuste dio lugar a que muchos atletas jamás supieran que habían participado en unos Juegos Olímpicos, e incluso que habían sido medallistas. Entre ellos, seguramente muchos de los primeros olímpicos españoles, deportistas que a título personal formaron la primera expedición olímpica española. En París 1900 debutaron, entre otros, los deportes de equipo: fútbol, polo, rugby y waterpolo fueron los primeros. También participaron las primeras mujeres, en golf y croquet.

Villota y Amezola, primeros medallistas españoles

España no tuvo representantes en Atenas 1896, pero sí en París 1900. A título personal, ya que no estaba aún fundado el Comité Olímpico Español. Nueve deportistas formaron la primera expedición olímpica española: los pelotaris José de Amezola y Fracisco Villota; el duque de Gor, en esgrima, y los remeros Fórmica, Camps, Vela, Margarit y Quintana. Según el historiador Fernando Arrechea, compitió en ciclismo en pista con el equipo francés Fernando Sanz, hijo natural de Alfonso XII y su amante, la cantante Elena Sanz.

Villota y Amezola dieron a España su primera medalla, de oro, en la competición de cesta punta. La paradoja fue que no llegaron a competir dado que sus rivales, franceses, se retiraron antes del partido.

Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, estuvo presente en París y fue considerado durante mucho tiempo el primer medallista español. Sin embargo, en realidad participó en las pruebas de la Exposición, siendo segundo en una modalidad de tiro llamada ‘game shooting’, que probablemente fuera tiro de pichón.

Un espectáculo bochornoso

Los Estados Unidos habían apoyado decididamente el movimiento olímpico y la celebración de los dos primeros Juegos, por lo que Pierre de Coubertin veía con ilusión que la tercera edición de los mismos se disputase en la potencia emergente de la época. De hecho, eran dos las ciudades que habían presentado su candidatura: Chicago y San Luis. Coubertin y el CIO se decantaron por Chicago, pero San Luis interfirió: organizaba otra exposición universal, exigió los Juegos y amenazó con montar otros parelalos, con profesionales. Como Chicago tuvo problemas organizativos, el presidente Theodore Roosevelt se decantó por Chicago ante la desesperación de Coubertin.

Al igual que en París, las competiciones olímpicas se alargaron durante cuatro meses y medio y se perdieron en el caos de la Feria. Además, muy pocos atletas de fuera de los Estados Unidos pudieron acudir. Sólo menos de la mitad de los eventos previstos tuvieron participación internacional.

Sin embargo, los Juegos de San Luis aportaron importants novedades: la entrega de medallas incluyó por primera vez a los terceros clasificados. Se incorporaron al programa olímpico el boxeo y la lucha libre y, por primera vez y pese al racismo del sur de los Estados Unidos, donde estaba San Luis, ganaron medallas varios atletas negros: los atletas estadounidenses George Poage y Frederic Stadler, en 400 vallas y longitud, respectivamente.

Pero los Juegos de San Luis se recuerdan, sobre todo, por las Jornadas Antropológicas: Se trajeron a la ciudad estadounidense personas de distintas etnias exóticas, como pigmeos, indios cocopas o sioux, moros e igoratas de Filipinas, sirios… para exhibirles en pleno ejercicio de actividades deportivas propias de su país, o practicando deportes olímpicos. Coubertin las calificó como “espectáculo bochornoso” y profetizó que “el día que estas razas aprendan a practicar deporte, superarán a quienes hoy se ríen de ellos”.

Tres atletas y seis medallas

Tres norteamericanos compartieron el honor de lograr el mayor número de medallas. En gimnasia, Heida logró cinco oros (potro con arcos, barra fija, salto largo, combinado y sexatlón por equipos), y una plata (paralelas); Eyser consiguió 3 oros (sexatlón equipos, paralelas y subir cuerda de 25 pies), dos platas (salto largo y potro con arcos) y un bronce (barra fija). En ciclismo, Dowling se hizo con 2 oros (2 y 25 millas); 3 platas (cuarto, tercio y una milla) y un bronce (media milla).

Pero la prueba más recordada de los Juegos de San Luis fue el maratón. Normalmente se alude a que quien entró primero en meta, Fred Lorz, se burló del público porque realizó parte del camino en coche, pero también hay que reseñar que el vencedor real, Thomas Hicks, recibió varias inyecciones de estricnina durante la carrera y que todos los participantes sufrieron los rigores de una ruta sin asfaltar en la que se combinaron un sofocante calor y las polvaredas levantadas por los modernísimos vehículos con los que periodistas y jueces seguían la carrera: los automóviles.

Instalaciones propias y ceremonia de apertura

Al igual que ocurrió con los Juegos de Saint Louis, Londres no había sido en un principio la sede elegida para acoger la edición de 1908. Tal honor recayó en Roma. La presión ejercida en contra por otras ciudades transalpinas, como Milan y Turín, resentidas por la preferencia del COI hacia la capital italiana, y las graves pérdidas económicas y materiales que supuso la erupción del Vesubio en 1906, acabaron por llevar los Juegos Olímpicos hasta Londres. Como ocurrió con anterioridad, en la ciudad londinense también coincidieron dichos Juegos con una exposición, en este caso la Franco-Británica.

Por primera vez, los Juegos contaron con su propio estadio para albergar la mayoría de las pruebas, edificado con motivo de la cita olímpica. En París, las instalaciones del Racing no pasaron de ser el terreno de un club, y en Saint Louis, fueron las de la Universidad de Washington. En tan sólo nueve meses, del 31 de julio de 1907 al 1 de mayo de 1908, se construyó el estadio de Shepherd’s Bush -actual White City- con capacidad para 80.000 espectadores.

El recinto contó con una pista de cemento para la competición de ciclismo, otra de ceniza volcánica para atletismo y una piscina de 100 m. de longitud. En el centro del estadio quedó un amplio terreno de hierba para la práctica de rugby, fútbol, hockey, saltos, lanzamientos, lucha, gimnasia y tiro con arco.

Los Juegos Olímpicos de Londres fueron los primeros que contaron con una ceremonia de inauguración, a la que acudieron 15.000 espectadores. En el estadio olímpico, desfilaron todas las delegaciones tras sus banderas, provocando algún que otro conflicto. Los finlandeses se negaron a desfilar tras la enseña rusa, que le tenía como protectorado. Además, el abanderado estadounidense se negó a inclinar la bandera de su país al paso por el palco de autoridades, ya que según una ley norteamericana “la bandera no debe inclinarse ni ante un rey”. Era el inicio de una rivalidad entre británicos y estadounidenses que estuvo muy presente durante todos los Juegos.

“Lo importante es participar”

En la cena de clausura de los Juegos, tras las dos semanas donde se concentraron las principales pruebas, Pierre de Coubertain pronunció una frase, que ha pasado a formar parte de la historia, no sólo del Olimpismo, sino del deporte en general. “Lo importante no es ganar sino participar”, fueron las palabras pronunciadas por el barón. Éste se las había escuchado al arzobispo de Pensilvania, en el acto religioso que ofició en la catedral de San Pablo, con motivo de la celebración de los Juegos.

El rey Gustavo, estandarte de los Juegos

Los Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912 fueron los primeros que transcurrieron con total brillantez y sin apenas polémicas que los empañasen. La capital sueca fue votada por unanimidad en el X congreso del COI, celebrado en Berlín en junio de 1909, tras retirar la capital alemana su candidatura por no poder contar con su estadio en el plazo señalado.

La organización sueca fue perfecta, aunque nuevamente hubo que hacer frente a algunas peculiaridades locales. Así, no hubo boxeo, por estar prohibido por la ley en el país nórdico. A cambio, las mujeres dejaron de ser mera anécdota olímpica, al admitirse competiciones femeninas de natación y salto de trampolín. Participaron 2.420 hombres y 55 mujeres.

Suecia empeñó su prestigio en la organización, respaldada por el rey Gustavo V, que se implicó personalmente en los Juegos. Se construyó el estadio Djugaarden, que exteriormente semejaba un castillo medieval, y que aún hoy en día sigue en funcionamiento. Se experimentó con el cronometraje eléctrico y se imprimió el primer cartel anunciador de los Juegos, que en algunos países fue rechazado por sectores sociales conservadores, al incluir la figura de un hombre semidesnudo.

Los principales problemas políticos vinieron por las tendencias separatistas de naciones incluidos en Imperios. Finlandia se negó a desfilar bajo bandera rusa, al igual que Bohemia (luego República Checa) bajo la del imperio austriaco. Finalmente se logró que sus atletas participasen añadiendo cintas con colores finlandeses y bohemios a las banderas rusa y austríaca en las ceremonias oficiales.

Llegan los finlandeses voladores

Precisamente uno de los grandes protagonistas de los juegos fue finlandés. Hannes Kohlemainen fue el primer gran fondista olímpico, con triunfos en 5.000, 10.000 y campo a través, además de una plata por equipos. Fue el iniciador de la dinastía nórdica que culminaría en Paavo Nurmi, y que dominaría el atletismo olimpico de larga distancia hasta la llegada de los africanos.

Sin embargo, el gran protagonista de los juegos fue el indio estadounidense Jim Thorpe. Logró las medallas de oro en decatlon (con un registro que le hubiera permitido estar en el podio hasta 1948) y pentatlón, prueba atlética combinada ya extinguida, en la que la clasificación se hacía por tiempos. Sin embargo, a su vuelta a Estados Unidos una denuncia anónima le acusó de profesional y fue desposeído de sus medallas. Según la leyenda, uno de sus acusadores fue su compatriota Avery Brundage, derrotado por Thorpe y luego presidente del COI.

Otros protagonistas fueron el alemán Gottfried Fuchs, autor de 10 goles en el triunfo alemán por 16-0 a Rusia, el sudafricano Okie Lavis, que venció una prueba ciclista de fondo en carretera de 320 kilómetros. El sueco Calrberg logró cinco medallas en tiro y en categoría femenina, la británica Edith Hannam, con dos oros en tenis, fue la mujer que mayor número de medallas consiguió en Estocolmo.

Los Juegos vuelven tras la guerra

Los Juegos Olimpicos de Amberes 1920 fueron un simbolo de la paz recobrada tras la I Guerra Mundial, pero no precisamente de reconciliación. Las potencias perdedoras de la misma (Alemania y Austria principalmente) fueron excluidas. La URSS no quiso participar. Amberes fue elegida sede por ser la ‘ciudad mártir’ de la guerra. Las huellas de la misma seguían estando muy visibles. La piscina, incluso, se ubicó en un foso de las fortificaciones. El presupuesto organizativo, escaso, se completó con aportaciones personales.

Los Juegos de Amberes ofrecieron dos notables novedades protocolarias: la primera, la bandera olímpica, creación de Pierre de Coubertin, con una simbología de unidad mundial a través de sus cinco aros entrelazados y sus cinco colores, uno al menos de los cuales está presente en la bandera de todos los países del mundo. El segundo, el juramento olímpico, cuyo texto fue redactado por Coubertin de forma lo bastante ambigua para los atletas pudieran jurar lealtad a unas normas que podrían ser cambiadas con el tiempo.

Los protagonistas internacionales fueron Nedo Nadi campeón en cinco de las seis pruebas de esgrima, Ethelda Bleibtrey, que ganó las tres pruebas de natación femeninas. El estadounidense de origen hawiano Duke Pahoa Kahanemoku, introductor de lo que hoy conocemos por ‘estilo libre’ o crol. El estadounidense Willis Lee, con cinco oros, una plata y un bronce en tiro, y el citado Nadi fueron los más laureados entre los hombres, y Bleibtrey entre las mujeres.

Debut de España

España realizó su primera participación oficial, con un equipo formado por 58 hombres, que compitieron en fútbol, polo, atletismo, natación, tenis y waterpolo, y ganó la medalla de plata en los dos primeros deportes. El torneo olímpico tenía entonces la consideración de campeonato del mundo y para participar en él se reunió por primera vez una selección española. De su actuación nació la leyenda de la Furia Española y entre sus integrantes, históricos como Ricardo Zamora, Samitier, Pichichi o Sabino. El equipo de polo estaba formado por aristócratas: El marqués de Villabrágima, el duque de Peñaranda, el duque de Alba y el conde De la Maza.

Los Juegos de Nurmi y los Carros de Fuego

Pierre de Coubertin quería sacarse la espina del fracaso de los Juegos Olímpicos de París 1900 y prácticamente impuso a la capital francesa como sede de los Juegos Olímpicos de 1924, alegando que próximamente se retiraría de la presidencia del COI. Pese a ello hubo 14 candidatas y, dado que al menos en principio la organización no fue eficiente, amenazó con con volverse al gran pilar del movimiento olímpico y llevarse los Juegos a Estados Unidos. Al final, los galos se enmendaron y se construyó un nuevo estadio para los Juegos: el de Colombes, con capacidad para 60.000 espectadores, y que luego sería sede del Mundial de fútbol de 1938 y durante muchos años escenario de la clausura del Tour de Francia.

En estos Juegos tampoco se permitió la participación de Alemania. Coubertin sí era partidario de su inclusión, pero acabó desistiendo de su empeño al convencerse de que el revanchismo francés tras la I Guerra Mundial podía causar graves dificultades. Con todo, se alcanzó la participación récord de 44 naciones.

También se construyó el primer precedente de la Villa Olímpica, que en origen fue poco más que un conjunto de barracones que no fueron muy populares entre los atletas. Sólo los masculinos, porque las 125 mujeres participantes se alojaron en otros lugares. Las estadounidenses, a varias decenas de kilómetros de Paris para alejarlas de las ‘tentaciones’ de la capital gala.

Primera española en unos JJ.OO.

España contó con una delegación compuesta por 107 atletas, entre los cuales por primera vez se incluyeron dos mujeres, que fueron las tenistas Lili Álvarez y Rosa Torras, de las que la primera alcanzó los cuartos de final de la prueba individual. La actuación feneral fue bastante discreta y en esta ocasión no se consiguió ninguna medalla. El mejor puesto fue el obtenido por el aristocrático equipo de polo, que se quedó a las puertas del podio. Finalmente sólo pudo ocupar la cuarta plaza. Un puesto que también alcanzó Santiago Amat, en la clase ‘finn’ de vela.

Carros de fuego

Los juegos de París 1924 fueron inmortalizados por la más exitosa de las películas de ambiente olímpico, ‘Carros de Fuego’ (Hugh Hudson, 1981), basados en la historia de los británicos Eric Lidell y Harold Abrahams, que cambiaron vencedores respectivos en 400 y 100 metros lisos, tras intercambiar sus pruebas dada la negativa de Lidell de competir en domingo por razones religiosas.

Los grandes protagonistas de los Juegos fueron, sin embargo, el nadador estadounidense Johnny Weissmuller, ganador de tres oros y un bronce en natación y luego el más popular Tarzán del cine y, sobre todo, el finlandés Paavo Nurmi, uno de los más grandes fondistas de todos los tiempos, que ganó el oro en 1.500, 5.000 metros, cross, cross por equipos y 3.000 por equipos.

Los Juegos recuperan la universalidad

Amsterdam consiguió por fin ser sede olímpica después de tres intentos falidos. Se esperaba una organización modélica pero, al menos a nivel oficial, tropezó con la oposición de sectores religiosos conservadores y la abstención, por influencia de estos, de la Casa Real y parte de la banca, que dificultó la financiación. El motivo fue que se acusó a los Juegos de neopaganismo. Sin embargo, el pueblo holandés sí se volcó con los Juegos y cubrió el presupuesto a base de suscripciones. El motivo fue que se acusó a los Juegos de neopaganismo. Sin embargo, el pueblo holandés sí se volcó con los Juegos y cubrió el presupuesto a base de suscripciones.

Protocolariamente, hubo también novedades: por primera vez se enciendió la llama olímpica, si bien no en Olimpia, el desfile estuvo encabezado por Grecia y cerrado por el país anfitrión. En el desfile no participó Francia como protesta por la readmisión en los Juegos de Alemania y Austria, llegando a amenazar incluso con la retirada. Pese a estos problemas, los Juegos estuvieron presididos por el espíritu del pacifismo. Su símbolo fue el remero australiano Henri Pearce, que detuvo su marcha durante una prueba para dejar pasar a una familia de patos.

La principal novedad olímpica fue la inclusión del atletismo femenino, pese a la oposición del COI y la misma Federación Internacional. Sin embargo, la falta de entrenamiento adecuado de algunas atletas hizo que hubiera desfallecimientos en los 800 metros, por lo que las distancias superiores a 400 metros fueron suprimidas hasta 1960. Participaron 290 mujeres, más del doble que cuatro años antes.

Nuevo oro para España

España conquistó la segunda medalla de oro de su historia. Nuestro país envió a Amsterdam una representación formada por 82 atletas, distribuidos en nueve disciplinas: atletismo, boxeo, esgrima, ciclismo, fútbol, hípica, vela, hockey sobre hierba y natación. El Gran Premio de las Naciones de Hípica dio el segundo oro olímpico a España. José Navarro Morenés, José Alvarez de las Asturias y Julio García Fernández a lomos de ‘Zapatero’, ‘Zalamero’ y ‘Revistada’ subieron a lo más alto del podio en la última jornada de los Juegos.

Los éxitos internacionales estuvieron muy repartidos. El gimnasta suizo Georges Miez, con tres oros, fue el más laureado. Paavo Nurmi sumó un oro más (en 10.000 metros) y dos plateas (en 5.000 y 3.000 obstáculos) para un palmarés total de nueve medallas de oro y tres de plata.

Espectáculo y primera estrella femenina

Los Juegos de Los Ángeles 1932 se realizaron a la sombra de la crisis económica de 1929, pero también en la era dorada de las superproducciones de Hollywood. Así, por razones de prestigio nacional y ‘comercial’, los Estados Unidos y la industria del cine echaron el resto con los Juegos. La ceremonia inaugural, en el majestuoso Memorial Coliseum, de 105.000 localidades, fue planeada y realizada por el director de cine Cecil B. De Mille, experto en grandes producciones, y resultó la más fastuosa realizada hasta la fecha. Los juegos arrojaron un superávit de un millón de dólares. En las gradas fueron asiduos muchas de las grandes estrellas de la época, como Joan Crawford o Douglas Fairbanks. Se suspendió la Ley Seca, vigente en la época, para que los equipos europeos pudieran importar vino.

La crisis económica, sin embargo, afectó seriamente a la participación no estadounidense. A causa de la misma y del rígido amateurism de la época, muchas delegaciones enviaron equipos muy reducidas. España, por ejemplo, envió a seis atletas, de los que Santiago Amat ganó la medalla de bronce, en la categoría de monotipo olímpico de vela.

La primera villa olímpica

Los atletas presentes, los masculinos, fueron alojados en la primera Villa Olímpica propiamente dicha, Aunque con anterioridad, los atletas compartieron lugar de residencia, no se puede hablar de Villa Olímpica, tal y como la conocemos hasta esta edición, formada por 50 casas de estilo colonial español pintadas en tonos pastel. Pero la segregación a las mujeres fue tan rotunda que ni se dejó entrar a la cocinera del equipo finlandés. Las mujeres fueron alojadas en un hotel de lujo. Otras innovaciones fueron la introducción del cronometraje eléctrico y la concentración de las pruebas en dos semanas.

Deportivamente, los grandes protagonistas fueron los nadadores japoneses, liderados por Kusuo Kitamura, muchos adolescentes, que rompieron el histórico dominio estadounidense en su propio territorio. Por primera vez la gran estrella de los Juegos fue una mujer: la local, Mildred ‘Babe’ Didrikson, vencedora en jabalina y 80 metros vallas y plata en altura. La nadadora estadounidense Helene Madison y el gimnasta italiano Romeo Neri lograron tres oros.

 

Propaganda nazi, pero grandes Juegos

Pese a que los nazis rechazaban los Juegos Olímpicos como un “infame festival judío”, en 1936 se encontraron acogiendo unos. La razón fue los mismos se les le concidieron al fin a Berlín en 1931, pues pese a que la sede con más posibilidades para ese año era Barcelona, la proclamación de la República en España asustó a los conservadores miembros del COI. Los nazis llegaron al poder en Alemania en 1933.

Sin embargo, el ministro de propaganda, Goebbels, fue rápidamente consciente de los beneficios propagandísticos que su régimen podía sacar de los Juegos y se aplicaron a conseguir la mejor organización vista hasta entonces. Y lo lograron. No faltaron protestas derivadas sobre todo de la política antisemita del III Reich, estando los Estados Unidos próximos a boicotear los Juegos. Al final el III Reich aseguró que incluiría a atletas judíos en su equipo (al final fue solamente una, la esgrimista Helene Mayer) y durante las fechas olímpicas se interrumpieron las persecuciones y al menos en Berlín se eliminó la propaganda judía.

Para la ocasión se construyó el Estadio Olímpico de Berlín, de piedra y con capacidad para 110.000 espectadores, una enorme serie de instalaciones secundarias y una villa olímpica de 110 edificios. Se trató de acentuar la vinculación de los Juegos a la Grecia Clásica (para vincular a la misma también la Alemania Nazi). Por primera vez se encendió la llama olímpica en Olimpia. También debutó en los Juegos la televisión, si bien en circuito semicerrado para pantallas públicas.

Con todo, fueron los juegos mejor organizados hasta entonces y la película que los inmortalizó, ‘Olympia’ de Leni Reifenstahl, marcó un antes y un después en el tratamiento de la imagen del deporte.

Owens venció al racismo

Sin duda, los Juegos Olímpicos de Berlín se recuerdan por Jesse Owens, ganador del oro en 100 y 200 metros, longitud y 4×100, a despecho de las doctrinas nazis sobre superioridad racial. Owens contó con el apoyo de dos alemanes: Lutz Long, su rival en longitud, que le ayudó a superar la parcial actuación de los jueces, y Adi Dassler, un fabricante de calzado que le proporcionó unas zapatillas experimentales. Dassler crearía luego la firma ‘Adidas’. Aclamado por el público alemán, Owens declaró luego que había sentido más el racismo en Estados Unidos que en Alemania.

Otros momentos olímpicos relevantes fueron la inclusión del baloncesto y balonmano como deportes olímpicos, la actuación en hípica del militar alemán Konrad von Wangenheim, montando con un brazo roto. El gimnasta alemán Konrad Frey conquistó tres oros y la nadadora holandesa Rie Mastenbroek, tres oros y una plata.

España no participó a causa de la Guerra Civil

Paz, ilusión y Telón de acero

Después de la suspensión de dos ediciones, previstas para Tokio y Helsinki, los Juegos Olímpicos volvieron a disputarse con el final de la II Guerra Mundial. Dado el estado de pobreza generalizada en una Europa cuya prioridad era reparar las destrucciones de a guerra. Por ello, en la sede londinense los atletas vivieron con una frugalidad espartana -el apoyo de los Estados Unidos en el suministro de alimentos fue fundamental- y no se construyeron nuevas instalaciones, sino que se aprovecharon las ya existentes, como el estadio de Wembley y la piscina Empire Pool. Para residencias de atletas se habilitaron colegios y antiguos cuarteles militares.

Como tras la I Guerra Mundial, Alemania y Japón, los derrotados, no participaron, si bien tampoco estaban en condiciones de hacerlo. La URSS declinó tomar parte en los Juegos. Sí lo hicieron algunos de los países situados tras lo que luego se llamó el ‘Telón de Acero’, conr regímenes comunistas, aunque algunos de los miembros de sus delegaciones aprovecharon los Juegos para abandonar el país. La guerra había causado muchas víctimas en el movimiento olímpico. Sólo dos atletas, la esgrimista húngara Ilona Elek y el palista checo Jan Brzak, lograron revalidar sus títulos de 1936.

Tras los experimentos de Berlín, la televisión entró en el mundo olímpico de forma oficial, aunque sólo pudieron recibirla escasos aparatos en un radio de unos 80 kilómetros de Wembley.

Zatopek y medalla española

El nivel deportivo de los Juegos no fue el mejor, dadas las circunstancias, pero aún así se dieron destacadas gestas. Las estrellas estuvieron en el atletismo: la holandesa Fanny Blankers-Kohen, oro en 100, 200, 4×100 y 80 metros vallas, fue la más laureada. El checo Emil Zatopek, con oro en 10.000 y plata en 5.000, inició la carrera que le llevaría a ser llamado ‘la locomotora humana’. Suecia ganó el oro en fútbol con un equipo en el que figuraron muchos jugadores que luego triunfarían en toda europa (Carlsson, Liedholm, Nordhal, Gren, Hamrin…).

España volvió a los Juegos con un equipo de setenta deportistas que llevaban ya una década de posguerra. Se ganó una única medalla. De plata, conseguida por José Navarro Morenés, Jaime García Cruz y Marcelino Gavilán en el concurso hípico de saltos por equipos. Jefe de delegación fue el general Moscardó, que dirigió a sus miembros una arenga patriótica antes de pisar esa “tierra de cabrones” (sic) como llamó a Inglaterra.

Debuta la URSS y Finlandia roza la perfección

Una vez más, fue Escandinavia la que ayudó a asentar los Juegos Olímpicos con una organización perfecta. Después de Helsinki 52 una corriente de opinión en el seno del movimiento olímpico defendió que los Juegos tuvieron una sede permanente en Escandinavia. Aunque no faltaron las dificultades políticas (la Guerra de Corea, entre USA y sus aliados y los de la URSS, con implicación indirecta de esta , estaba en pleno apogeo), nuevamente se batió el récord de participación con la novedad, además, de que la Unión Soviética decidió tomar parte por primera vez en los Juegos. Durante los siguientes 36 años, controversias aparte, sería referencia inexcusable para la historia olímpica.

Los Juegos, con todo, comenzaron con una venganza: el mítico Paavo Nurmi introdujo la antorcha olímpica en el Estadio. Nurmi había sido expulsado de los Juegos en 1932 por profesional, y en el palco estaba Avery Brundage, nuevo presidente del COI e implacable perseguidor del ‘profesionalismo’. No le sentó nada bien, pero no tuvo más remedio que aceptarlo. Al Estadio, de 70.000 espectadores, se añadió una villa olímpica con capacidad para 6.000 atletas (con sectores masculino y femenino) y una secundaria, a ocho kilómetros de distancia, para los atletas soviéticos, rodeada en este caso por alambres de espino, y con guardias.

El gobierno soviético quería convertir los Juegos en una herramienta de propaganda, pero no quería contactos entre sus atletas y los del mundo occidental. Sin embargo, en la final de salto con pértiga el estadounidense Bob Richards, que era sacerdote, felicitó a los competidores soviéticos, estos respondieron al saludo, y a partir de ahí se rompió el hielo y los atletas de ambos bloques confraternizaron libremente. Al menos, en las pistas.

El protagonista de los juegos volvió a ser Emil Zatopek, que ganó los 5.000, 10.000 metros y el maratón, en su debut en la distancia. El gimnasta soviético Viktor Chukarin inició el dominio de la URSS en la modalidad, con cuatro oros. Hungría ganó el torneo de fútbol con uno de los mejores equipos de todos los tiempos, pero que cuatro años después caería en la final del Mundial. En el mismo, Puskas, Kocsis, Czibor, Hidegkuti, Bozsik y otros.

España, casi de incógnito

La representación española sólo tuvo 27 atletas. La única alegría la proporcionó Angel León en tiro. Vallisoletano de nacimiento, afincado en Madrid y policía de profesión logró la medalla de plata en la modalidad de pistola libre, por detrás del norteamericano Benner. En estos Juegos debutó el gimnasta Joaquín Blume. Con sólo 19 años, no llegó a destacar. Llegaría a ser uno de los más grandes deportistas españoles de todos tiempos pero su prematura muerte, en un trágico accidente de aviación, le impidió coronarse en unos Juegos Olímpicos.

Primeros conatos de boicot

Los Juegos Olímpicos llegaron a su tercer continente con el desembarco en Australia. En teoría no debía haber problema alguno en un país aislado, próspero y desarrollado. Sin embargo, serios problemas de rivalidad entre Sydney y Melbourne, la ciudad sede olímpica, retrasaron la organización hasta tal punto que el COI amenazó con llevárselos a Roma con cuatro años de antelación. Resuelta la situación, resultó que después el estado australiano prohibió la entrada de caballos en el país sin cumplir las leyes en cuarentena. La situación no pudo resolverse y así las pruebas hípicas tuvieron que disputarse en otro lugar. Concretamente, en Estocolmo.

No planteó grandes problemas que los Juegos se disputaran en otoño, en el verano austral. Sin embargo, a poco del comienzo de los Juegos se perfilaron dos boicots paralelos: el de varios países árabes por la crisis de Suez, en la que Francia, Reino Unido e Israel se enfrentaron a Egipto. La invasión soviética de Hungría también estuvo a punto de causar un boicot a gran escala, pero al final sólo lo secundario Holanda, España y Suiza. El COI se negó a excluir a la URSS como pretendían otros países. Hungría participó, pero casi medio equipo se negó a retornar a su país. A cambio, las Alemanias Oriental y Occidental participaron con un equipo conjunto.

Hungría y URSS, enfrentados

Deportivamente varias de las grandes sensaciones fueron precisamente soviéticos y húngaros: los gimnastas eslavos Viktor Chukarin y Larissa Latynina, la magiar Agnes Keleti y su compatriota, el boxeador Laszslo Papp, primero en lograr tres oros. También brilló el equipo estadounidense de baloncesto, dirigido por Bill Russell y K.C. Jones. La final de waterpolo, precisamente entre Hungría y la URSS, acabó con graves incidentes entre jugadores y público. La nadadora australiana Dawn Fraser inició su carrera olímpica con sus dos primeros oros.

La ceremonia de clausura se cerró con una innovación: todos los atletas, por primera vez, desfilaron mezclados tras la bandera olímpica. La idea fue del nadador local John Ian Wang. España, que no participó en Melbourne, hurtando una gran ocasión de medalla a Joaquín Blume, sí lo hizo en la hípica de Estocolmo, permitiendo sospechar que las razones económicas contaron más que las ideológicas.

Bikila inaugura la ‘era africana’

Tras varios intentos fallidos, Roma se convirtió por fin en sede olímpica en 1960. Pese a que fue Roma quien enterró los Juegos Olímpicos clásicos, los italianos hicieron lo posible por unirlos a su propia antiguedad clásica. Así, junto a varias instalaciones innovadoras, se habilitaron edificios romanos como las Termas de Caracalla, sede de gimnasia, o la Basílica de Majencio, para lucha. El maratón partió del Capitolio para, tras recorrer las principales calles de Roma, llegar a la meta ubicada en el Arco de Constantino, junto al Coliseo. El papa Juan XXIII recibió a los participantes y siguió las pruebas de remo, ubicadas en el Lago Albano, junto al palacio papal de Castelgandolfo. El dinero para las obras olímpicas salió del Totocalcio, las quinielas italianas.

Los Juegos de Roma no conocieron, por fin, grandes sobresaltos mas que algunos anecdóticos derivados de una cierta atmósfera festiva. En la ceremonia inaugural la primera vuelta la dio un espectador anónimo, que corrió por toda la pista sin que los guardias reaccionasen hasta que volvió a las gradas, donde lo protegió el resto del público. Un motorista anónimo también acompañó con su Vespa a Abebe Bikila , el vencedor del maratón, en los últimos metros…

Bikila fue el gran protagonista de los Juegos. El atleta etíope simbolizó el despertar olímpico de Africa, muchos de cuyos países acababan de conseguir la independencia. Ganó el maratón corriendo descalzo -no encontró zapatillas con las que se sintiera cómodo, aunque las buscó- y, simbólicamente, lanzando su ataque final frente al obelisco de Axum, expoliado por Italia a su país. Otros grandes momentos olímpicos fueron el duelo en el decatlón entre el estadonidense Rafer Johnson y el taiwanés C.K. Yang, el triunfo en los 100 metros femeninos de la estadounidense Wilma Rudolph, paralítica en su infancia, o del local Berrutt en los 200 rompiendo el dominio USA. En las piscinas, la estadounidense Dawn Fraser conquistó tres otros siendo, de nuevo, los máximos medallistas tres gimnastas: los soviétios Boris Shaklin y Larissa Latynina y el japonés Takeshi Ono.

España, gran delegación y pocos resultados

España desplazó a Roma la representación más numerosa hasta ese momento: 143 atletas y un número similar de dirigentes. La representación femenina fue también la más numerosa, con 11, participantes en natación, gimnasia y esgrima. La única medalla fue la propició el hockey hierba donde la selección conquistó el bronce al derrotar a Inglaterra por 2-1, primera de una ‘dinastía’ que subiría varias veces al podio, en hombres y mujeres.

Los Juegos de la tecnología

La guerra impidió que Tokio acogiera los Juegos de 1940, pero llegaron 24 años más tarde. Al igual que en 1960, los años previos a la cita fueron bastante tranquilos y los japoneses la aprovecharon para culminar la reconstrucción de su país tras la cita bélica. Tokio fue prácticamente reconstruida y convertida en una de las ciudades más modernas del mundo, con un gasto de 1.800 milloens de dólares. La capital japonesa se reedificó prácticamente, dotándose de las más modernas infraestructuras existentes: una red de autopistas, un monorrail aéreo que unía el aeropuerto con el centro urbano, y un nuevo trazado para casi todo el casco urbano.

Los Juegos, además, fueron en realidad los primeros que pudieron verse simultáneamente en todo el mundo por televisión, gracias a los enlaces vía satélite, reforzados con todo el potencial japonés en técnica y electrónica. A quien no se vio fue a Sudáfrica, expulsada por su política estatal de segregación racial.

Dos importantes deportes entraron en el programa olímpico: Judo y voleibol. El segundo fue el primer deporte de equipo femenino. En el primero, la derrota en la categoría Open del ídolo local, Kaminaga, por el holandés Geesing causó no pocos suicidios. El judo es deporte nacional japonés.

El protagonismo correspondió a la natación. En las pruebas masculinas se batió el récord del mundo en ocho de las diez pruebas. En la femenina, la australiana Dawn Fraser ganó los 100 metros libres por tercera vez consecutiva. En gimnasia, Larissa Latynina cerró su carrera olímpica con nada menos que 18 medallas. Abebe Bikila ganó por segunda vez el maratón, esta vez calzado, pero también seis semanas después de operarse de apendicitis.

España, más pena que gloria

España volvió sin medallas y con más pena que gloria. Aparte del sexto puesto de Felipe ‘Pipe’ Areta en longitud, se habló de España dos veces: una cuando el boxeador del peso pluma Valentín Loren agredió al árbitro en ‘protesta’ por su actuacion. Otra, cuando los nadadores María Ballesté y Miguel Torres, novios por otra parte, fueron los primeros en llegar a la Villa Olímpica. Poco después Juan Antonio Samaranch se haría cargo del deporte español y pondría en marcha la campaña ‘Contamos contigo’, primera política deportiv de alcance nacional.

Los Juegos del Black Power

Si los Juegos Olímpicos anteriores se habían celebrado en tiempos de relativa paz internacional, los de México 68 lo fueron en un periodo de enorme efervescencia política y social: Estados Unidos estaba inmerso en problemas raciales y en la guerra del Vietnam. La URSS acababa de invadir Checoslovaquia para reprimir la violencia anticomunista, y el ejemplo del Mayo del 68 francés ‘amenazaba’ con extender las corrientes contestatarias por el mundo. Los tres acontecimientos se reflejaron en los Juegos.

El último de ellos puso en peligro la misma celebración olímpica. En Mexico una gran manifestación sobre todo juvenil contra la corrupción gubernamental, acabó reprimida a tiros por el ejército en la Plaza de las Tres Culturas, con centenares de muertos. Los Juegos Olímpicos celebrados en México han pasado a la historia principalmente por dos motivos. Por un lado, los extraordinarios registros conseguidos en atletismo, favorecidos por la altitud a la que se encuentra la capital azteca. Y por otro, la polémica suscitada por la campaña que los atletas estadounidenses de raza negra protagonizaron reclamando la igualdad en su país. La celebración de los Juegos llegó a correr peligro debido al reflejo que tuvo en México el mayo del 68 francés. El COI, sin embargo, no lo tomó en cuenta y el 12 de octubre se inauguraron los Juegos. Por primera vez una mujer, Enriqueta Basilio, encendió el pebetero.

El primer acontecimiento se reflejó en el fenómeno del ‘Black Power’. La población negra de Estados Unidos estaba en práctica rebelión reclamando sus derechos civiles, pocos meses antes de los Juegos había sido asesinado el líder pacifista Martin Luther King y los atletas negros estadounidenses, la mayoría, realizaron acciones de protesta como dar la espalda a a su bandera y bajar la cabeza en las entregas de medallas. Algunos fueron expulsados, pero el resto del equipo se solidarizó con ellos.

Caslavska, la novia de México

La invasión soviética de Checoslovaquia creó una de las estrellas de los Juegos: la gimnasta checa Vera Caslavska, que había sido perseguida por ser opositora al gobierno impuesto por los soviéticos. Ganó cuatro medallas de oro y se metió al público en el bolsillo al ejecutar los ejercicios de suelo con música mexicana. Antes de los Juegos las polémicas se basaban en la idoneidad de la altura mexicana para las competiciones, aceptándose que ayudarían en las pruebas largas pero perjudicarían a las de esfuerzo prolongado. En el primer caso, la altura pudo ayudar al récord de salto de longitud conseguido por Bob Beamon: 8,90 metros, que duraría 23 años. También se mantuvo durante 19 el de Lee Evans en 400 metros, con 43.86. Protagonista fue también Dick Fosbury, que impuso el estilo de salto de longitud que aún hoy se practica. En Mexico 68 se implantaron también los controles antidoping y de sexo para las mujeres.

Los españoles volvieron sin medalla por segundos juegos consecuivos, aunque hubo actuaciones destacadas en natación, siendo Mari Paz Corominas la primera española en entrar en una final (7ª en 200 espalda). Santiago Esteva fue quinto en la final masculina. Manuel Santana y Manuel Orantes jugaron la final en uno de los dos torneos de exhibición de tenis qeu se disputaron. Sin embargo, se celebró en Guadalajara ya que el COI no quiso mantener a los profesionales cerca de los amateurs.

La matanza de Munich marcó los Juegos de Spitz

La situación política mundial se había deterioriado desde Mexico 68 y tuvo su reflejo en Munich 72, unos Juegos donde, al igual que en Tokio 64, el país anfitrión quería mostrar al mundo la magnitud del ‘milagro alemán’. Se construyó, en Oberwiesenfield, un Anillo Olímpico futurista, cubierto con una red metálica de vidrio acrílico. La organización fue prácticamente perfecta e incorporó los primeros balbuceos (entonces últimas novedades) de la transmisión de datos en tiempo real.

Sin embargo, en el mundo se vivían los Años de Plomo, con terrorismo rampante en todo el mundo occidental, y los Juegos se recordaron sobre todo por la masacre de Munich: 17 muertos: 11 atletas israelíes asesinados por terroristas palestinos, de los que cinco murieron en un enfrentamiento con la policía alemana, que también registró una víctima. Los atletas fueron, primero, secuestrados en la misma villa olímpica, con dos víctimas. El resto murieron en el aeropuerto de Fürstenfeldbruck, en una operación planteada con múltiples deficiencias por la policía germana.

Pese a la tragedia y a que muchas delegaciones pidieron la suspensión de los Juegos, la misma no se llevó a cabo. Sí se suspendieron 24 horas y hubo un funeral multitudinario en el estadio. En el mismo el polémico presidente del COI, Avery Brundage, no hizo referencia alguna a los sucesos. De los países musulmanes sólo asistió Marruecos. Israel se retiró.

El gran protagonista de los juegos estuvo en la piscina, donde el estadounidense Mark Spitz, que logró siete medallas de oro, cada una con un récord del mundo. A despecho de las amenazas del COI sobre la explotación publicitaria de los éxitos olímpicos, Spitz se hizo millonario gracias a los anuncios y de hecho subió al podio en alguna ocasión mostrando sus zapatillas patrocinadas. El presidente Brundage dejó el cargo poco después. En el estadio olímpico, Lasse Viren recuperó la tradición triunfal de Finlandia, venciendo los 5.000 y 10.000 metros y el soviético Borzov ganó los 100 y los 200 metros lisos, primera vez en un atleta no estadounidense. La final de baloncesto significó la primera derrota de Estados Unidos, con una de las grandes polémicas olímpicas: el reloj llegó a cero con triunfo norteamericano por 50-49, pero tras protesta soviética se recuperaron tres segundos, en los que se produjo una canasta de Alexander Belov. La URSS ganó 51-50 y los estadounidenses no recogieron sus medallas.

Atentado terrorista

A cinco días para la clausura un comando terrorista palestino, perteneciente a la Organización ‘Septiembre Negro’, logró introducirse en la zona de la villa olímpica donde se alojaba la delegación israelí. Dos deportistas murieron, mientras que otros nueve fueron secuestrados. A cambio de su liberación, los terroristas pedían la excarcelación de 200 guerrilleros palestinos, presos en Israel. El COI suspendió 24 horas los Juegos. Finalmente se les permitió trasladarse en helicóptero hasta el aeropuerto. Allí, la policía alemana abrió fuego contra los terroristas, que hicieron estallar varias granadas, provocando la muerte de los deportistas israelíes.

España, medallas doce años después

Más de 130 atletas conformaron la expedición española, que volvió con una sola medalla: el bronce de Enrique Rodríguez Cal en boxeo (peso minimosca), la primera el 12 años. El ciclista Jaime Huélamo fue tercero, pero en el control antidopaje se detectó que había consumido coramina, sustancia que no estaba prohibida por la Federación de ciclismo, pero sí por el COI. Por su parte, Mariano Haro, a sus 32 años, logró en meritorio cuarto puesto en los 10.000 m., con la quinta mejor marca de todos los tiempos.

Nadia Comaneci, la deportista perfecta y el boicot africano

Montreal fue la sede sorpresa de los Juegos de 1976, pues ganó el derecho a ser sede compitiendo con Los Ángeles y Moscú. Sin embargo, una vez elegida apareció un serio problema: el gobierno canadiense no quiso contribuir a los gastos de organización y fue la ciudad de Montreal quien tuvo que hacer frente a los mismos en solitario. Por añadidura, los costes previstos se dispararon por huelgas de trabajadores y los efectos de la crisis petrolífera. Al final, el déficit fue astronómico, no se liquidó hasta muchos años después, y el Estadio no se completó hasta 1987.

Montreal 76 fue, además, escenario del primer boicot olímpico de importancia: el de muchos países africanos, que se retiraron a causa de una pretensión muy mal planteada: exigían la expulsión de Nueva Zelanda porque un equipo suyo de rugby se había enfrentado a Sudáfrica. El COI, sin embargo, no tenía potestad ni sobre Sudáfrica, expulsada en 1964, ni sobre el rugby. Con todo, casi todos los países del África Negra se retiraron. No hubo muchos problemas con el hecho de que Montreal perteneciera la zona francófona de Canadá. El pebetero olímpico fue encendido por un atleta de habla inglesa y otra francófona. La Reina Isabel II de Inglaterra pronunció su discurso en los idiomas que cohabitan en Canadá y el saltador estadounidense Dwigth Stones, que criticó a los francocanadienses, se llevó una de las mayores pitadas de la historia olímpica.

Favorecido por este boicot fue Lasse Viren, que repitió su doblete en 5.000 y 10.000 en este caso con polémica, pues recorrió la recta final del 10.000 mostrando en sus manos las zapatillas. Pero la indiscutible reina de los Juegos fue Nadia Comaneci, la primera gimnasta en lograr la perfección en sus ejercicios: cuatro notas de ’10’, con tres oros y una plata, se llevó la rumana. En categoría masculina el soviético Nikolai Andrianov ganó cuatro oros, dos platas y un bronce pero su repercusión fue menor. El controvertido dominio de las nadadoras de la RDA se inició con los cuatro oros de Kornelia Ender y los tres de Ulrike Ritcher.

España brilla sobre el agua

España mejoró bastante sus resultados previos, pero exclusivamente en deportes náuticos. El piraguismo inició una serie de grandes actuaciones, con la medalla de plata en K-4 en la distancia de 1.000 m. Los protagonistas fueron Esteban Celorio, José López Díaz Flor, Herminio Menéndez y Luis Ramos Misioné. A su vez, en vela, el cántabro Antonio Gorostegui y el catalán Pedro Miller lograron la medalla de plata. Mariano Haro volvió a ser finalista en los 10.000 metros: sexto esta vez.

‘Comienza la gran era de los boicots

Los Juegos de Moscú iniciaron la peor época de los boicots, que estuvo próxima a dar al traste con el Movimiento Olímpico. Acogidos por primera vez en la capital de la superpotencia del bloque comunista durante la Guerra Fría su gran competidor, Estados Unidos, decidió no acudir. La razón fue doble: la Unión Soviética había invadido Afganistán para instaurar un gobierno afín en esa zona estratégica. Por el contrario, los Estados Unidos habían sido derrotados en Vietnam y el gobierno iraní, afín a ellos, había sido expulsado del poder por la revolución islámica. El golpe de efecto que decidió dar el presidente Jimmy Carter fue el boicot olímpico.

El boicot fue secundado por 58 países por decisión de sus gobiernos, ya que en general los deportistas sí fueron siempre partidarios de acudir. Hasta en los mismos Estados Unidos, en los que Carter amenazó con retirar el pasaporte a los atletas que acudieran siquiera como turistas. Entre los que no asistieron se encontraban Alemania Federal, Japón y Canadá. España participó con bandera e himno olímpico, ya que el COE decidió participar pese a que el gobierno recomendó el boicot. El nivel deportivo se resintió en deportes como la natación masculina o la velocidad. Los grandes momentos olímpicos fueron los duelos de los británicos Steve Ovett y Sebastian Coe en el mediofondo, el triunfo del soviético Vladimir Salnikov en los 1.500 metros libres, iniciando una larga y triunfal carrera que le llevaría a ser el primer hombre en superar la barrera de los 15 minutos, y el triunfo del polaco Kozakiewicz en pértiga, celebrado con corte de mangas a un público que siempre estuvo en su contra.

Sin embargo, uno de de las figuras de los Juegos fue el oso Misha, la primera mascota que alcanzó gran repercusión internacional y que contribuyó a paliar los efectos del boicot.

España mejora sus resultados

España batió en estos Juegos su récord de medallas: en vela, Alejandro Abascal y Miguel Noguer se hicieron con el oro en la clase Flying Dutchman. En piragüismo, Herminio Menéndez y Del Riego se hicieron con la plata en K-2, 500 m. Menéndez, con Misioné, logró también el bronce en K-2, 1.000 m. Jordi Llopart consiguió la plata en 50 km. marcha, al igual que el equipo masculino de hockey hierba. David López Zubero, que también poseía la nacionalidad estadounidense, fue bronce en los 100 m. mariposa.

Los soviéticos devuelven el golpe

Una vez consumado el boicot olímpico en Moscú, fue evidente que se repetiría en Los Angeles por parte del bloque opuesto. En efecto, los soviéticos guardaron silencio durante tres años, y tres meses antes de los juegos anunciaron su boicot. No hubo gran cosa que hacer: era cuestión de venganza. El nivel deportivo en algunas pruebas, sobre todo en femeninas y en natación, sí se resintió, pero en líneas generales menos que cuatro años antes en Moscú. Rumanía y Yugoslavia fueron los únicos países del bloque socialista que no secundaron el boicot. Pero China, la potencia comunista rival de la URSS, eligió precisamente este momento para debutar en los Juegos.

Los Angeles volvía a acoger unos Juegos por primera vez desde 1932. La organización fue totalmente privada, pero imaginativa. No se construyeron nuevas instalaciones, sino que se recuperó el Memorial Coliseum, sede de 1932, y se acondicionaron las excelentes instalaciones universitarias próximas, aunque las distancias fueran grandes. También se emplearon unas instalaciones provisionales. Compañías como Coca-Cola, Fuji o General Motors patrocinaron la edición, y la misma acabó arrojando superávit. El protagonista fue Peter Ueberroth, luego organizado también del Mundial de fútbol 1994 y personaje capital en las ligas de béisbol. Así, los Ángeles fueron el punto de partida para la conversión de los Juegos en algo más que deporte, pasando a ser un negocio y foco de atención de todo el mundo publicitario, en un movimiento controlado por Juan Antonio Samaranch, presidente del COI desde 1980.

Unos Juegos en Estados Unidos necesitan una estrella estadounidense, y la de Los Angeles 1984 fue Carl Lewis, que igualó la gesta de Jesse Owens en Berlín 1936 ganando el oro en 100, 200, longitud y 4×100. Lewis llegaba a las pistas en limusina, y ganó medallas hasta Barcelona 92. En la piscina, sin nadadoras de la RDA, la estrella fue el alemán Michael Gross, el ‘Albatros’, mientras que la gimnasia la dominaron la rumana Ecaterina Szabo y el chino Li Ning.

El baloncesto español, de plata

España mantuvo la buena racha de cuatro años antes. La medalla que más repercusión tuvo fue la de plata en baloncesto, con un equipo en el que brillaban Fernando Martín, Corbalán, Epi y Andrés Jiménez entre otros, ante unos Estados Unidos con Michael Jordan y Pat Ewing. En atletismo, José Manuel Abascal fue bronce en 1.500 metros, como Narciso Suárez y Enrique Míguez en K-2 500. Luis Doreste y Roberto Molina lograron el oro en clase 470 y Lasurtegui y Climent, plata en la categoría de remo de dos sin timonel.

Samaranch acaba con los boicots y llega el doping

Por segunda vez, el continente asiático era el elegido para acoger unos Juegos Olímpicos. En esta ocasión la ciudad seleccionada fue Seúl. Fueron muchos los problemas surgidos a raíz de conocerse su elección, sobre todo por las diferencias políticas existentes entre Corea del Norte y del Sur. La propia situación interna de Corea del Sur tampoco era la más propicia, sobre todo tras el asesinato de su máximo dirigente Park Chong Hee. Finalmente, el alcalde de la ciudad logró convencer al nuevo presidente, Roh Tae Woo de que unos Juegos podían promover la paz dentro de la península coreana. El ejemplo de concordia quedó perfectamente reflejado con la presencia de Estados Unidos y el bloque soviético en los recintos deportivos. Tras doce años, se volvían a medir en unos Juegos, dejando atrás la diferencias ideológicas y políticas.

Los buenos oficios diplomáticos de Juan Antonio Samaranch consiguieron que en Seúl 88 se pusiera fin a la guerra de los boicots. Hubo un cierto peligro de que el bloque comunista quisiera continuar con el mismo porque la sede estab en Corea del Sur, enfrentada a la comunista Corea del Norte, que reclamaba la coorganización. Sin embargo, las exigencias coreanas acabaron siendo demasiado radicales, y desaconsejaron que la URSS se comprometiese demasiado con ellas.

De cualquier modo, el esfuerzo de Corea del Sur en cuanto a seguridad en los Juegos fue comparable al organizativo. En el primer apartado, más de medio millón de militares propios y de Estados Unidos, además de decenas de miles de policías, blindaron los Juegos. Los mismos tuvieron, además, la contestación de grupos estudiantiles que protestaban contar el régimen autoritario imperante. En el segundo, dos recintos brillaron por encima del resto: el Seúl Sports Complex con una extensión cercana al millón de metros cuadrados, integrando el estadio olímpico, los palacios de baloncesto y boxeo, y las instalaciones para la hípica y el béisbol, y el Olympic Park, con la piscina olímpica, un gimnasio, el velódromo y los pabellones para la esgrima y la halterofilia.

La labor de Samaranch por integrar al mundo profesional en el olimpismo dio un gran paso adelante con la inclusión de los tenistas pertenecientes a la ATP y WTA. La alemana Steffi Graf, que ese año había conquistado el Grand Slam, se impuso en el torneo femenino.

Sin embargo, los Juegos de Seúl 88 fueron marcados por la aparición a gran escala del dopaje. El canadiense Ben Johnson, el gran rival de Carl Lewis, ganó los 100 metros con un espectacular tiempo de 9.79 segundos, pero después dio positivo en el control antidoping por una sustancia anabolizante, estanozolol. Johnson fue desposeído de sus medallas. No dio positivo la estadounidense Florence Griffth-Joyner, oro en 100, 200 y 4×100, y plata en 4×400, pero con grandes sospechas sobre ella por el desarrollo de su musculación y la rápido de su progresión. Diez años más tarde falleció repentinamente. Sospechas de dopaje hubo también, aunque estas eran tradicionales, sobre muchos deportistas de la RDA, sobre todo con las nadadoras, entre las que Kristin Otto ganó seis medallas de oro. En baloncesto, los Estados Unidos no lograron siquiera estar en la final, que disputaron la URSS de Sabonis y la Yugoslavia de Drazen Petrovic. con triunfo de los primeros.

Primeras medallas españolas en tenis y natación

La cosecha española de medallas, ya sin boicots, descendió hasta las cuatro. En vela, José Luis Doreste, en la clase Finn, fue oro. En tenis, la pareja de dobles formado por Emilio Sánchez Vicario y Sergio Casal se tuvieron que conformar con la plata, tras perder en la final ante Flach y Seguso. Sergi López en 200 metros braza y Jorge Guardiola en tiro al plato en la modalidad de ‘skeet’ completaron la lista de medallistas olímpicos con sendos bronces.

La nueva España recibe al nuevo mundo olímpico

El empeño de Barcelona por acoger los Juegos Olímpicos tuvo por fin éxito gracias al apoyo del barcelonés Juan Antonio Samaranch, presidente del COI desde 1980, y la propia pujanza barcelonesa y española, para presentarse ante el mundo como una ciudad y un país emergentes y dignos de encabezar la ‘modernidad’, concepto icónico de aquellos momentos. Así, Barcelona renovó casi totalmente su aspecto, sobre todo integrando el mar y las playas en la estructura urbana. Deportivamente, el viejo estadio de Montjuic se remodeló totalmente. A su lado se construyó el Palau Sant Jordi, sede de la gimnasia y las finales de baloncesto. Dos grandes antenas de comunicaciones, en Montjuic y Collserola, simbolizaron la aplicación a los Juegos de todas las técnicas de vanguardia tecnológica. La espectacular ceremonia inaugural culminó con el arquero Antonio Rebollo enciendiendo el pebetero con una flecha lanzada desde 100 metros de distancia.

Desde Seúl 88, el mapa político del mundo había cambiado enormemente. El bloque soviético de la Guerra Fría se había hundido y de hecho muchos países ya no participaron en Barcelona 92 por haber desaparecido, como la emblemática República Democrática Alemana, ahora integrada en una Alemania unificada. Tampoco la URSS, aunque para la ocasión varios estados surgidos de ella se agruparon en la CEI, o Confederación de Estados Independientes. Yugoslavia también desapareció del mapa, sumida en una violenta guerra civil. A cambio, Croacia, Lituania, Polonia y Letonia entre otros países figuraron entre los participantes.

Los Juegos de Barcelona 92 fueron los del Dream Team, los profesionales del baloncesto de la NBA, que con su debut tras el de los tenistas en Seúl simbolizaron la definitiva integración de los profesionales. Carl Lewis ganó un oro, en longitud esta vez, por terceros Juegos consecutivos. La jovencísima saltadora de trampolín china Fu Mingxia simbolizó la emergente potencia oriental, mientras el ruso Popov, en natación, y el bielorruso Scherbo, en gimnasia, aportaron oros para la CEI.

La explosión medallista española

La sorpresa fue que España fue por primera vez protagonista en una cita olímpica. De los magros resultados en juegos anteriores se pasó a 22 medallas: 13 oros, 7 platas y dos bronces. Se lograron los primeros metales femeninos, como los oros de Miriam Blasco y Almudena Muñoz en judo, Theresa Zabell y Patricia Guerra en vela, y el equipo femenino de hockey. Fermín Cacho ganó el oro en 1.500, el fútbol logró el oro venciendo 3-2 a Polonia en la final y al waterpolo se le escapó por poco el oro ante Italia tras una final que acabó 8-9 después de dos prórrogas.

Gran atletismo y desasprosa organización privada

Atlanta fue elegida como sede olímpica con polémica. Atenas aspiraba a los Juegos en su primer centenario en la Edad Moderna, pero el potencial económico estadounidense, de gran peso en los Juegos Olímpicos, vencieron al homenaje a la tradición. “La Coca Cola ha vencido al Partenón”, dijo la ministra de cultura griega, Melina Mercouri. La multinacional del refresco, uno de los principales patrocinadores del COI, tiene su sede en Atlanta.

Sin embargo, los resultados organizativos no justificaron la elección del COI. El Estadio Olímpico, de gran nivel, fue demolido tras los Juegos para adaptarlo al béisbol. El resto de instalaciones estuvieron bien concebidas, pero el hecho de tratarse de una organización totalmente privada hizo que los recortes de gastos y algunas faltas de inversión acabaran afectando aspectos fundamentales. Los problemas de transporte fueron constantes. Los sistemas informáticos fueron deficientes, la seguridad tuvo evidentes lagunas y los voluntarios, entusiastas, habían recibido escasa formación y fueron poco operativos.

Lo peor fue un que produjo un atentado con bomba en el Parque Olímpico causó dos víctimas mortales y más de un centenar de heridos. El suceso no fue reivindicado y a fecha de hoy no se ha descubierto a sus responsables. La competición no se detuvo. Deportivamente, tomaron marte más de 10.000 atletas y debutron deportes como el voley playa y modalidades como el fútbol femenino. También debutaron los ciclistas profesionales, con oro en contrarreloj de Miguel Induarin, cinco veces vencedor del Tour de Francia. Donovan Bailey venció en los 100 metros lisos, con nuevo récord de 9.84. Michael Johnson y la francesa Marie Josee Perec ganaron en 200 y 400 metros. Carl Lewis ganó el oro en longitud por cuartos juegos consecutivos. Cuba ganó el beisbol en territorio estadounidense y Nigeria logró el primer triunfo africano en fútbol, batiendo a Brasil. La sombra del dopaje, sin embargo, siguió planeando sobre los Juegos. En este caso la principal sospechosa fue la nadadora irlandesa Michelle Smith, que logró tres otros.

17 medallas españolas

La estela triunfal de Barcelona hizo que España conquistara 17 metales. Entre los más destacados, la medalla de oro de la selección de waterpolo, las platas en tenis de Arantxa Sánchez Vicario y Sergi Bruguera, el oro del conjunto de rítmica formado por Estela Giménez, Marta Baldó, Nuria Cabanillas, Lorena Guréndez, Estíbaliz Martínez y Tania Lamarca.

Los Juegos de la ecología

Sidney jugó la baza de la ecología y la sostenibilidad para acoger los últimos Juegos Olímpicos del siglo XX, venciendo en la elección a Pekín. El uso de las energías renovables, el reciclaje y el ahorro de recursos naturales fueron la norma durante los Juegos, así como una organización muy cuidada. En la clausura Juan Antonio Samaranch volvió a conceder a los Juegos la calificación de ‘los mejores de la historia’, que había omitido en Atlanta. La atleta Cathy Freeman encendió el fuego olímpico en el estadio. Luego ganaría los 400 metros y utilizó sus actuaciones para reivindicar los derechos de los aborígenes australianos, raza a la que pertenecía.

La participación alcanzó un nuevo récord, con 199 países participantes. Dos de ellos, Corea del Norte y Corea del Sur, participaron por primera vez bajo la misma bandera. El único país que no participó fue Afganistán, excluido desde la instauración del régimen de los talibanes. Los triunfos estuvieron, esta vez, repartidos. Junto a Freeman, el nadador local Ian Thorpe se erigió en protagonista, ganando tres oros, al igual que la holandesa Inge de Bruijn y la estadounidense Jenny Thompson y la ciclista holandesa Van Moorsel.

El dopaje también estuvo presente en el caso de la gimnasta rumana Alexandra Raducan, que fue desposeída de la medalla de oro en el concurso general por dar positivo con pseudoefedrina. Quedó acreditado que la había tomado sin intención dopante y que se la había administrado un médico del equipo, en un jarabe para el resfriado, pero aún así perdió su medalla, aunque se le permitió conservar el oro por equipos y la plata en salto. Marion Jones fue una de las estrellas de los Juegos, con oros en 100, 200 y 4×400, y bronces en longitud y 4×100. Sin embargo, años después confesó que se había dopado y debió devolver los galardones.

Protagonista fue también el nadador ecuatoguineano Eric Moussanbani, que tuvo serias dificultades para acabar los 100 metros libre, con un tiempo de 1:52.72

España pierde gas

España retrocedió en su rendimiento, pasando de las 17 medallas de Atlanta a 11, tres oros, tres platas y cinco bronces, además de 41 puestos de finalista. Juan Antonio Samaranch se despidió como presidente del COI tras estos juegos.

Los Juegos volvieron a Olimpia

Tras haber sido derrotada por Atlanta en la elección de la sede de 1996, Atenas consiguió ser elegida para 2004. Se superó la cifra de 200 países participantes, alcanzándose los 202. Sin embargo, y aunque la calidad organizativa de los Juegos fue aceptable, los retrasos en la construcción de las sedes y la misma concepción de los Juegos fue motivo de inquietud constante para el COI. Finalmente, el presupuesto olímpico se disparó enormemente, siendo uno de los factores que influyó en la posterior crisis económica de Grecia.

Se estableció un nexo con los anteriores Juegos griegos, situando el lanzamiento de peso en el recinto de Olimpia, y la llegada del maratón en el estadio Panathinaiko. En el mismo se produjo un incidente al ser agredido por un incontrado el brasileño Vanderlei de Lima, que era líder. Al final consiguió salvar la medalla de bronce. El oro fue para el italiano Stefano Baldini. El ucraniano Yuri Bilonog y la ucraniana Yumileidi Cumbá fueron los primeros campeones en el recinto olímpico original después de más de 1.500 años.

Los grandes protagonistas fueron el nadador estadounidense Michael Phelps y el atleta marroquí Hicham El Guerrouj. El segundo consiguió el doblete en 1.500 y 5.000 metros, 80 años después de que lo hiciera Paavo Nurmi. Michael Phelps logró ocho medallas, pero ‘sólo’ seis fueron de oro, con lo que no pudo superar las siete de Mark Spitz. En deportes de equipo, Argentina logró un inédito doblete en fútbol y baloncesto. Y durante las finales de gimnasia masculina, las puntuaciones de los jueces premiando al estadounidense Hamm y perjudicando al ruso Nemov provocaron fuertes protestas del público e hicieron que posteriormente se cambiaran las reglas de puntuación olimpica.

España se recupera

La representación española en Atenas logró 19 medallas (3 oros, once platas y 5 bronces). David Cal fue el español más laureado de esa edición tras colgarse un oro y una plata en piragüismo. También destacaron Gervasio Deferr, que logró el oro en salto; Sergi Escobar, con sus dos bronces en ciclismo y Beatriz Ferrer-Salat que se alzó con dos medallas en doma (plata y bronce). El equipo de baloncesto,liderado por Pau Gasol, no conquistó medalla pese a haber vencido a los dos finalistas, Argentina e Italia. Una derrota en cuartos ante Estados Unidos dio al traste con los galardones.

Los Juegos más exóticos

Los Juegos Olímpicos de Pekín estuvieron presididos por una cierta polémica a causa del dudoso respeto a los derechos humanos del régimen chino, y sobre todo a su posición como invasor del Tibet hicieron que se presentantes desde diversas instancias dudas sobre lo idóneo de la sede, que había sido promovida por Juan Antonio Samaranch. China utilizó los Juegos como símbolo de la nueva posición del país como superpotencia mundial, y para destacar la influencia de la cultura china en la civilización mundial. Fueron los Juegos más costosos de la historia (44.000 millones de dólares de presupuesto inicial) y los más concurridos: 10.902 atletas de 204 países.

El protagonista de los Juegos fue, de nuevo, Michael Phelps, que esta vez sí logró superar el récord de Mark Spitz, con ocho oros y siete récords del mundo para un total de 16 medallas en sus dos presencias olímpicas. Por su parte la estadounidense Dara Torres sumó su duodécima medalla olímpica con 41 años de edad. Debutó con 17 años en Los Ángeles 1984 y había tomado parte en cinco Juegos: todos los celebrados desde entonces, menos Atlanta 96 y Atenas 2004. La nadadora australiana Stephanie Rice y la gimnasta Kai Zou, lograron tres oros, mientras que la que más medallas cosechó fue la nadadora estadounidense Natalie Coughlin con seis medallas (un oro, dos platas y tres bronces). Usain Bolt ganó los 100 metros lisos con récord del mundo, y el keniano Samuel Wanjiru extendió al maratón el dominio africano.

Al final, China superó a los Estados Unidos por 51 oros a 36, si bien los estadounidenses lograron en total 110, por 100 los anfitriones. Usain Bolt ganó los 100 metros lisos con récord del mundo España viajó a Pekín con 287 deportistas (164 hombres y 123 mujeres), logrando de 18 medallas (5 oros, 10 platas y 3 bronces), una más que en Atlanta y una menos que en Atenas.David Cal, Joan Llaneras, Gemma Mengual y Andrea Fuentes hicieron doblete, pero ni en natación ni atletismo se consiguió subir al podio. El equipo de baloncesto, dirigido por Pau Gasol y con varios jugadores de la NBA, estuvo proximo a dar la sorpresa ante el ‘Dream Team V’ estadounidense en la final.

SERIAL: LEYENDAS DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS

Michael Phelps, el Rey de los Juegos

  • Ocupa el primer puesto en el medallero histórico de los JJ.OO. con 14 medallas de oro y dos bronces.

  • Si en Londres logra tres metales más, superará los 18 de Latynina.

  • Sus ocho oros de Pekín fueron una de las mayores hazañas de la historia.

     

    No podíamos acabar el Serial sin él. Nadie tiene más oros y nadie ha sido capaz de ganar tantos en unos mismos Juegos Olímpicos. Michael Fred Phelps (Baltimore, 1985) es leyenda olímpica viva. Con 16 medallas, 14 de ellas del metal dorado, logradas en tres participaciones, copa el medallero histórico. Es sin ninguna duda, el Rey de la historia de los Juegos.

    Y eso que Phelps comenzó a nadar casi por casualidad. No le gustaba el agua. De hecho, le daba miedo. Pero encontró en la piscina una vía de escape para no pasar tiempo en casa y ver las continuas y fuertes discusiones de sus padres, que se acabarían divorciando. Sus hermanas fueron quienes le convencieron, sobre todo Whitney, quien iba para figura de la natación hasta que le frenó en seco una lesión de espalda.

    Así que con siete años, el pequeño Phelps se puso a nadar, donde pronto destacó. A los once comenzó a entrenarle Bow Bowman, el que se convirtió en su técnico inseparable, su gran mentor y amigo. En plena adolescencia tanto Bowman como el propio Phelps se dieron cuenta de que había potencial para la natación y por eso dejó los estudios para dedicarse por completo a la piscina. De hecho, es el único estadounidense que pasó de aficionado a profesional sin haber competido en los campeonatos universitarios.

    Mereció la pena el esfuerzo porque pronto empezaron a llegar los resultados. El primer gran logro fue clasificarse con tan solo 15 años para los Juegos de Sídney, siendo el nadador más joven de la competición. No defraudó, dejando una grata impresión en el público y un desconcertante respeto en sus rivales al lograr ser quinto en 200 metros mariposa.

    A partir de ese momento, comenzó la meteórica e imparable carrera de Phelps. Solo cinco meses después de su actuación en Sídney, batió el récord mundial en la misma disciplina en los Mundiales de Fukuoka de 2001, convirtiéndose en el plusmarquista más precoz de la historia. En 2003 ya avisó de que en Atenas iba a ser una de las estrellas al batir otros ocho récords más, además de varias medallas en los Mundiales de Barcelona.

    Con 19 años llegó a sus segundos Juegos. Todo el mundo estaba expectante por si iba a ser capaz de batir los siete oros de Mark Spitz en Múnich’72. Phelps lo intentó, pero se quedó en la nada despreciable cifra de seis preseas doradas y dos bronces. Ganó en 100 y 200 metros mariposa, 200 y 400 estilos y 4×100 y 4×200 estilos. Y quedó tercero en 200 metros libres y 4×100 libres.

    A pesar de la decepción -más por parte del público que por la del propio Phelps- se convirtió en el Rey de los Juegos atenienses. De esta manera igualó el récord del gimnasta soviético Alexander Dityatin en Moscú’80, el único hasta la fecha que había ganado ocho medallas en unos mismos Juegos Olímpicos.

    La ambición de Phelps no se quedó ahí y con la madurez que le faltó en Atenas, se presentó en Pekín con la intención, esta vez sí, de batir el registro de Spitz. Respondió a las expectativas con creces y no falló en ni una sola prueba de las que participó. Repitió éxito en 100 y 200 metros mariposa, 200 y 400 estilos y 4×100 estilos. Y sumó tres que le faltaban: los 200 metros libres y el 4×100 libres que se le resistieron cuatro años antes, y el 200 libres. Todas sus victorias trajeron consigo un récord mundial, excepto el 100 mariposa, que fue plusmarca olímpica en el final más espectacular de la historia de la natación contra el serbio Miroslav Cavic.

    Ocho oros en ocho carreras con todo lo que ello significaba: batir el récord de su compatriota Spitz, volver a ganar ocho medallas en unos mismos Juegos y convertirse en el deportista con más oros en la historia de los Juegos. Razón suficiente para, no sólo volver a ser el Rey en Pekín, sino convertirse en el mejor de todos los tiempos.

    Phelps anunció que, tras Londres 2012, colgaría el bañador a pesar de tener solo 27 años. Después de tocar techo en los Juegos, después de ser elegido ‘Nadador del año’ en 2003, 2004, 2006, 2007, 2008, y 2009 y después de ser nombrado ‘Mejor deportista FINA de la década’, poco más le queda por lograr. Por eso llega a la cita londinense sin presión y sin más ganas que lograr alguna medalla más que agrande su laureado palmarés. Tan sólo le hacen faltan tres para superar las 18 de Larissa Latynina, la deportista con más metales olímpicos. Seguro que ese récord tampoco se le escapa.

     
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