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FC BarcelonaUn entrenador de época

Cruyff, el holandés revolucionario

“El papel del entrenador no es hacer amigos” | “Si tienes la pelota en el pie sólo un segundo no hay manera humana de que te den una patada” | “El balón es mi despacho. Me siento en él y veo cómo trabaja el equipo”

El ‘Dream Team’ de Johan Cruyff: la primera gran época dorada del Barcelona

Nada más retirarse en el Feyenoord regresó al Ajax para encabezar una revolución. Johan Cruyff (Ámsterdam, 1947), el heredero natural del fútbol total de Rinus Michels, cambió los cimientos del club holandés como lo luego lo hizo en el Barcelona. Ambos le deben su esencia actual, ese empeño en la formación de cantera y en que el mundo debe girar en torno a la pelota.

“El balón es mi oxigeno. Respiro fútbol y me divierto haciéndolo”, escribió Johan Cruyff en las primeras paginas de su libro ‘Mis futbolistas y yo’. Su sistema 3-4-3 marcó una época por su valentía, por su entrega sin complejos a un juego ofensivo que debía ser puro divertimento para el espectador y, sobre todo, para el futbolista.

El Ajax inició un giro radical a su política cuando Cruyff se hizo cargo de la dirección deportiva en 1984. Creía que la única forma de hacer imperecedera una idea es crecer con ella. Impuso la defensa de tres hombres en todas las categorías inferiores. Grabó a fuego la filosofía del control y pase. Apenas una temporada después sustituyó a Leo Beenhakker como técnico. Ganó dos Copas de Holanda y una Recopa antes de precipitar su marcha. En enero de 1988 dimite al no convencerle la oferta de renovación que le presentó el club. Mientras, su suegro negociaba ya en París con Joan Gaspart, vicepresidente del Barcelona, su regreso a la Liga española.

La entidad azulgrana pasaba por entonces una de las temporadas más revueltas de su historia. Las secuelas del ‘motín del Hesperia’ amenazaban la presidencia de un Josep Lluis Nuñez que tenía apalabrado con Javier Clemente su fichaje como entrenador para el siguiente curso. La oposición de Sixte Cambra ganaba fuerza y para dar un golpe definitivo a su reelección recurre a la figura de dos leyendas vivas del club como son Carles Rexach y el propio Johan Cruyff. La contratación del holandés no fue fácil por dos razones: no tenía un título de entrenador que le permitiese entrenar en España y, además, mantenía una deuda millonaria con el fisco desde su época de jugador.

El legado de Cruyff en el Barça tiene un valor incalculable. Atravesó casi dos temporadas en un desierto de dudas hasta que un resultado lo cambió todo. El triunfo en la final de Copa de 1990 ante el Real Madrid marcó un punto de inflexión. Después llegaron cuatro ligas consecutivas y la consecución de la primera Copa de Europa en la historia culé en 1992. Aquel Barcelona bordó el fútbol y se ganó el apodo de Dream Team. La herencia de ese equipo se mantiene viva en el presente.

La estrepitosa derrota en la final de la Champions League de 1994 -4-0 ante elMilan de Capello– fue el principio del fin del Cruyff entrenador. Meses antes anduvo en negociaciones infructuosas con la federación holandesa para compatibilizar su cargo en el Barça con el de seleccionador de su país en el Mundial de Estados Unidos. Meses después se vio al frente de un equipo sin chispa. Lejos de la autocrítica, se empeñó en sus ideas y emprendió una reforma paulatina del plantel.

Su relación con las vacas sagradas del vestuario y con la presidencia se desgastó. “Es como es. Son estilos de forma de ser. No actuamos igual. Él habla por conductos anormales. Yo soy respetuoso con las personas… Él lo hace, y lo tengo que aceptar”, dijo Nuñez a principios de 1996. El técnico se vio con la autoridad moral suficiente para imponer su criterio sobre cualquier cosa, pero acabó desbordando la paciencia del club. Dos jornadas antes del final de la temporada le destituyen. La grada del Camp Nou no encajó con gusto la decisión.

Regreso al Ajax

Desde entonces y hasta ahora, fue la voz más influyente del entorno barcelonista. Es admirado y respetado en todo el mundo. Cataluña aprovechó el tirón de su imagen pública desde que le designaron seleccionador autonómico el 2 de noviembre de 2009. La elección fue en sí misma un reconocimiento a su figura.

El Ajax intentó en vano que volviera a implicarse en su organización deportiva en 2008. “Son necesarios cambios drásticos para poder obtener en la cantera un nivel apropiado para esta entidad. He realizado un proyecto claro para hacerlo. Pero mi visión no la comparten las personas que tendrían que ejecutarla”, dijo Cruyff como renuncia. Se avino con formar parte de un consejo de sabios. En marzo de 2011 logró forzar finalmente la renuncia de los dirigentes del club, reacios a aceptar algunos relevos propuestos en el organigrama técnico. El vacío de poder quedó resuelto con el nombramiento de una nueva dirección formada por cinco personas. Él estaba entre ellas.

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FC BarcelonaJohan Cruyff reinventó este deporte

El legado del genio

Es imposible imaginar alguien más influyente en la historia del fútbol que Johan Cruyff

Adiós a Cruyff, inventor del fútbol moderno

Es casi imposible imaginar una figura más trascendente en el fútbol que Johan Cruyff, cuyo legado comienza en un país norteño, sin tradición futbolística, y se extiende 50 años después por todo el mundo, y principalmente en el Barça y sus alrededores, que no son otros que la Liga y la selección española.

Su muerte priva al juego de una mente privilegiada y oblicua, transgresora y brillante, astuta y orgullosa. Se va mucho más que un hombre que hizo historia como jugador en los 70, antes de recorrer un ciclo casi idéntico como entrenador. Abandonó los banquillos en 1996, a los 49 años, una edad temprana, pero su huella era indisimulable, especialmente en el Barça, el equipo que aún hoy levanta con orgullo la bandera cruyffiana. Y con razón. Desde 1991, año de su primera Liga conquistada, el Barça ha ganado 13 campeonatos de Liga y cinco Copas de Europa.

Huérfano de padre, Cruyff se empapó de fútbol a través de su segundo padre, encargado de cuidar las instalaciones de De Meer, la vieja casa del Ajax. Su familia vivía junto al campo de aquel equipo de aficionados, sin ninguna relevancia en el fútbol europeo. Holanda, que había alumbrado algún excelente jugador, como Fass Wilkes, ídolo de Cruyff, tenía un papel anecdótico. No había disputado ningún Mundial y sus equipos no captaban ninguna atención.

Con seis años, ayudaba a su padre a cortar el césped, pintar las líneas y limpiar los asientos de De Meer. Cualquiera que hablara con él percibía su amor por los valores esenciales del fútbol, por las pequeñas cosas que hacen de este juego algo incomparable. Cruyff respiraba fútbol por todos los poros, pero no lo procesaba de una manera corriente.

Debutó en el Ajax con 17 años y su impacto fue inmediato. El pequeño Ajax de aquel tiempo se encontró con un iconoclasta, digno representante de un tiempo nuevo, para el fútbol y para la sociedad.

En pocas ciudades se vivieron los años 60 con tanta efervescencia como en Amsterdam, donde la explosión de libertad juvenil alcanzó cotas míticas. Aunque Cruyff era más rebelde que revolucionario, sus ideas futbolísticas se consagraron en el emergente Ajax que pasó de la condición de paria a ocupar la cima del fútbol mundial. Su éxito se atribuye a mucha gente: Rinus Michels, Stefen Kovacs, además de las aportaciones de algunos técnicos ingleses que pasaron por el club, como Keith Stupgeorn y Vic Buckingham. Pero la influencia de Cruyff resultó decisiva desde el principio. Era un jugador pensante, obsesionado por la táctica, como declaró a los veteranos periodistas Barend y Van Dorp en el magistral libro Ajax Barcelona Cruyff, el ABC de un obstinado maestro.

Un verdadero prodigio

Intuitivo y genial, Cruyff observaba lo que nadie era capaz de ver a su alrededor. Su influencia en las decisiones tácticas no era la normal en un jugador. Con 21 años era un agudo intérprete del fútbol y un consejero esencial de Rinus Michels. Luego había que verle jugar, un prodigio de agilidad y dinamismo. Pero sobre todo, un maestro en el arte del engaño.

Aunque luego inspiró el metódico fútbol que caracterizó al Ajax y al Barça, Cruyff era hijo de la calle, un hombre astuto y creativo que solía encontrar las soluciones que los críos inventan en los callejones. Si algo le definía era su capacidad para hacer lo contrario de lo que parecía. Una de sus herramientas favoritas fue el freno. Cruyff era muy rápido, pero menos de lo que se suponía. Su éxito como velocista radicaba en el freno. Frenaba y arrancaba ante la desesperación de sus marcadores.

Ganó tres Copas de Europa con el Ajax y tres Balones de Oro. Sus éxitos fueron incontables, aunque ninguno merece mayor elogio que su destrucción del catenaccio como fórmula de gobierno en el fútbol. Los años 60, los del Inter de Helenio Herrera y Nereo Rocco en el Milan, terminan cuando surge el imparable Ajax de Cruyff. Perdió la final frente al Milan en 1969, pero ya estaba claro que el fútbol se dirigía hacia otro lado, hacia las antípodas.

El Ajax clausuró el pérfido catenaccio de los años 60 y atrapó incondicionales en toda Europa. No se había visto un equipo con tanto atrevimiento y soltura en décadas. En 1974, aquel estilo deslumbró en el Mundial, donde la selección holandesa alcanzó cotas insuperables. No ganó el torneo, pero en la memoria de la gente Holanda será la campeona eterna. Y Cruyff, la bandera de aquella maravilla.

Jugaba en el Barça cuando se disputó el Mundial. Fue el primer jugador por el que se pagaron 100 millones de pesetas. Llegó al equipo bien avanzada la temporada, con el Barça al borde de las posiciones de descenso. Su ingreso en la Liga fue arrollador. El Barça no volvió a perder un partido. Ganó el campeonato con una facilidad apabullante. El primer año de Cruyff fue igual o superior a cualquiera de sus mejores temporadas en el Ajax. Su descenso fue evidente en los siguientes años. Abandonó el club en 1978, se enroló en el naciente soccer estadounidense.

El gobernador

Nunca dejó de ejercer como entrenador en el campo, aunque sus galones le acercaban más al cargo de gobernador. Siempre le fascinó el poder, pero no el de los directivos. Sospechaba de ellos por naturaleza. Rara vez les consideró hombres del fútbol. Sus relaciones con las directivas del Ajax y del Barça no fueron fáciles. Después de unas excelentes temporadas como técnico del Ajax, donde descubrió a jugadorazos como Van Basten y Bergkamp, fichó por el Barça, que atravesaba un periodo de grave desconcierto después del célebre motín del Hesperia.

El presidente Josep Lluis Núñez le necesitaba para apagar el fuego. Cruyff tenía otros planes que el de ser bombero. Quería instalar en el Barça unas ideas que en aquellos días resultaban contraculturales, o extravagantes, según sus críticas. Su primer fichaje no fue un delantero goleador o la estrella de moda. Contrató a Koeman, un centrocampista pesadote, rígido, sin velocidad, pero con un toque sensacional. Ahí proclamó Cruyff sus principios.

Tardó dos años en convencer y uno más en ganar la Liga. Entre 1960 y 1991, el Barça sólo había logrado dos Ligas. En 1991 comenzaría la edad de oro del club azulgrana. En una época de rechazo a los extremos, el Barça los utilizaba a fondo. En la edad del doble pivote, Cruyff apostó por un chaval flaco que se convertiría en su manual en el campo. Se trataba de Pep Guardiola. Poco a poco organizó un equipo de leyenda, ajeno a las modas. Se le denominó Dream Team. Ganó cuatro Ligas consecutivas y la primera Copa de Europa del club.

Un día antes de un partido con el Valencia, que había obtenido cinco puntos de ventaja sobre el Barça, Cruyff comunicó la alineación. Era un momento crítico. “Eusebio jugará de lateral derecho, Koeman en el centro de la defensa y Witschge en el lateral izquierdo”, dijo. Varios jugadores se llevaron las manos a la cabeza. El Barça ganó 3-0. Guardiola suele confesar que aquel día comprendió el ideario de Cruyff.

Cruyff abandonó el Barça en 1996, pero su legado impregnó al equipo y a la gente. No le faltaron detractores, en gran parte porque su figura rebasaba a todas las que le rodeaban, presidentes incluidos. El tiempo le transformó en el oráculo oficial del club, profesión que ejercía sin miedo y con sabiduría. Rijkaard reivindicó su legado con dos títulos de Liga y una Copa de Europa, pero nadie como Guardiola asumió la inmensa tarea que significaba trasladar el intuitivo universo cruyffiano a un cuerpo metodológico.

La influencia de Johan Cruyff alcanzó su grado más elevado en el periodo Guardiola, donde el cruyffismo alcanzó su apogeo, coronado por la selección en el Mundial de 2010. El legado de Cruyff se adivina 50 años después de su irrupción, interpretado por una excelente tropa de discípulos – Guardiola, Koeman, Eusebio, Laudrup…- y por la actual edición del Barca, cuya deuda con el genial holandés es inequívoca.

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FC BarcelonaUn genio del fútbol

Líder de la ‘Naranja Mecánica’ y creador del ‘Dream Team’

Cruyff, líder de la ‘Naranja Mecánica’

Johan Cruyff ha sido un visionario y un revolucionario en la historia del fútbol, lo que le ha llevado a ser uno de los mejores jugadores de la historia, título que prolongó en su etapa como entrenador. En los terrenos de juego nadie discutió su hegemonía y acuñó el fútbol total, es decir un estilo de juego ofensivo y vistoso, en el que los defensas eran capaces de marcar y los delanteros, de sacrificarse en tareas defensivas.

De esta manera, Cruyff situó a Holanda y al Ajax en el mapa futbolístico mundial. Su selección fue conocida con el apelativo de Naranja Mecánica, por el color de la camiseta y su fútbol preciso y virtuoso. De hecho, marcó de una manera tan indeleble la historia del fútbol que es una de las pocas selecciones que se recuerdan tras haber perdido dos finales de Mundial, la de 1974 ante la Alemania de Beckenbauer y la de 1978 ante Argentina.

En el Ajax ganó tres Copas de Europa y una Intercontinental. Cruyff era capaz de ganar partidos por sí solo. En 1974 fichó por el Barcelona. Decidió ir al club azulgrana al enterarse que el Ajax negociaba a sus espaldas con el Real Madrid. Llegó a un equipo que se encontraba penúltimo de una Liga que hacía 14 años que no conquistaba. Ganaron todos los partidos restantes y los culés alzaron el título.

También como entrenador

Pero Cruyff también fue un revolucionario como entrenador. De hecho, volvió a cambiar la historia del Barcelona desde los banquillos. Creador del Dream Team, por su similitud con la mítica selección de baloncesto de estados Unidos de 1992, demostró que se pueden ganar títulos jugando un fútbol exquisito. Ganó una Copa de Europa, una Recopa y cuatro Ligas entre otros títulos, pero logró que su estilo de juego fuera adoptado por el Barcelona como leitmotiv y que ahora sea innegociable.

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FC BarcelonaUn 5-1 al Liverpool le lanzó al estrellato

La primera noche que deslumbró a Europa

Historias para siempre, como la bofetada de Villar en San Mamés

Así fue la aplastante victoria del Ajax ante el Liverpool (5-1)

El 15 de noviembre de 1964 un juvenil Johan Cruyff (17 años) debuta en Primera y marca el gol del triunfo para el Ajax. En la siguiente temporada, 65-66, ya casi titular, conquista su primera Liga y alcanza los 25 goles. En septiembre de 1966 se estrena con la selección oranje contra Hungría. Suyo es el gol del empate final (2-2).

No estaba lejos su primera gran actuación en la Copa de Europa. La noche en la que el continente futbolístico descubrió a un jugador distinto, líder indiscutible de un Ajax que terminaría marcando una época con la conquista de tres Copas de Europa consecutivas (1971-73).

7 de diciembre de 1966. En la segunda ronda, el Ajax recibe al Liverpool, que la temporada pasada había perdido la final de la Copa de la UEFA ante el Borussia de Dortmund.

En el estadio Olímpico de Amsterdam apenas se veía a dos metros. The fog match. El partido de la niebla. Bill Shankly, el mítico mánager red hizo todo lo posible por que se suspendiera el partido pero se jugó para recreación de un Cruyff estelar que marcó el segundo gol y dio otros dos. En la vuelta, en Anfield, el 14 de diciembre, Johan consigue los dos goles de su equipo (2-2). Había nacido una estrella.

Sí al Barcelona, no al Madrid

En el Ajax tricampeón de Europa ya no era feliz. Tenía roces con los compañeros, con el nuevo entrenador. Ofertas de otros grandes clubes nunca le habían faltado y al terminar la temporada 72-73 decide marcharse. El club no le quiere vender y Johan, siempre rebelde y contestatario, comienza una cruzada contra el derecho de retención que entonces los clubes tenían como recurso para no traspasar a sus jugadores. Amenaza con ir a la Corte de La Haya y se niega a comenzar la temporada con el Ajax.

El club entra en razones. Entonces comienza otra batalla. Dos posibles destinos: Real Madrid y Barcelona. Don Santiago Bernabéu reconoce públicamente que quiere ficharle pero tiene un precio prohibitivo: 60 millones de pesetas.

El club azulgrana, presionado por Marinus Michels, su entrenado, llega a los 100. El Ajax, en un principio, prefiere que vaya al Madrid para llevar la contraria al jugador que quiere ir al Barça. Cruyff se sale con la suya. Hacía tiempo que pensaba en azulgrana. Vic Buckingham, el entrenador que le había hecho debutar en el Ajax y que había entrenador al Barça entre 1969 y 1971 le había hablado maravillas de la ciudad y del club y la presencia de Michels, su padre deportivo, era una garantía.

Bernabéu se tuvo que conformar con el alemán Netzer, balón de plata en 1972. Sobre Cruyff añadió: “No le he fichado porque no me gustaba su cara”.

Su hijo, Jordi sí; Jorge no

El 9 de febrero de 1974, en Amsterdam, nace el primer hijo varón de Johan, que ya tiene a Chantal y Susila. Como la familia vive en Barcelona decide inscribirle y empadronarle allí. Ya tenía pensado el nombre: Jordi. Si hubiera sido una chica se hubiera llamado Nuria.

Su sorpresa es cuando va al juzgado y el funcionario de turno no le deja inscribir al niño con el nombre de Jordi. “Tiene que ser Jorge”. Johan insiste. Fuerte discusión. Su interlocutor no cede. “Haga lo que quiera, en el libro de familia holandés ya figura como Jordi y si quiere que le firme algo me lo pone como Jordi, sino no firmo”.

Se salió con la suya y según comentó con posterioridad, fue el primer niño registrado en Cataluña con ese nombre. “Si yo le quería poner Jordi, no lo iba a cambiar porque me lo dijera el funcionario. En Holanda ya me habían admitido el nombre en el registro sin problemas”, reconoció en su momento a la revista So foot.

La bofetada de Villar en San Mamés

Galopaba la temporada 73-74. La llegada de Cruyff había revolucionado la Liga y especialmente a su equipo, el Barcelona, que encadenaba victoria tras victoria. No conocía la derrota desde su primer partido. Después del 0-5 del Bernabéu, los azulgranas visitan San Mamés.

La presencia de Cruyff provoca división de opiniones. Admiración por su juego, protestas por sus continuos gestos y sus protestas al árbitro. El técnico bilbaíno, Pavic, encarga a uno de sus centrocampistas, Ángel Villar, hoy presidente de la RFEF, que se encargue de su marcaje cuando éste se mueva por el centro del campo. Así lo hace.

En una acción, Johan hace una fuerte entrada al jugador rojiblanco y le rompe la espinillera de plástico que Villar se acababa de comprar en Londres. San Mamés ruge. Continúa el juego. En el siguiente lance, los dos jugadores se intercambian una serie de palabras y el barcelonista cae fulminado al suelo. Villar le acaba de dar un soberano sopapo. El jugador del Athletic no espera ni a ver la tarjeta roja que le muestra el árbitro: Soto Montesinos. Se dirige hacia los vestuarios.

Su corazón no late durante 30 minutos

Fumador empedernido desde los 18 años, Johan había padecido en sus carnes los caprichos del corazón. De un infarto habían muerto su tío y su padre cuando él sólo tenía 12 años. 26 de febrero de 1991. A pesar de ello no se alarma cuando paseando con su señora Danny sufre un fuerte dolor en el pecho. Lo achacaba todo a la úlcera de estómago que tenía desde hace tiempo.

Es su mujer quien sí se lo toma en serio y le convence para ir a urgencias de la clínica Asepeyo de San Cugat. Tras los primeros exámenes los médicos deciden trasladarle a la Clínica San Jordi. Sufre síntomas claros de un ataque cardiaco y una insuficiencia coronaria aguda.

El 27 de febrero, a las tres de la tarde, entra en el quirófano. Operación a corazón abierto. El objetivo colocarle un doble bypass. El doctor Oriol Bonin está al frente del cuadro médico. En su haber más de 5.000 operaciones de ese tipo, pero nunca había tenido a Johan Cruyff entre sus manos. Las previsiones exactas son que el corazón del paciente esté 30 minutos sin latir, parado. Todo controlado. La operación es un éxito. Dos semanas después, abandona la clínica y continúa con su vida normal… de entrenador no fumador.

El mejor de la final del mundial perdida

Johan se encogía de hombros cuando le preguntaban por la Copa del Mundo que no ganó. Curiosamente ese año conquistó su tercer Balón de Oro, y fue elegido mejor jugador del Campeonato, pero la Copa se llenó de cerveza alemana. “Nunca me sentí obsesionado por no ser campeón del mundo. ¿Qué es mejor? ¿Ganar sin mostrar nada interesante o perder habiendo ofrecido placer?

Cuando pienso en los elogios recibidos después de ese Mundial, me doy cuenta que no merece la pena estar siempre recordando por qué no lo ganamos.

¿Qué hay más excitante que un fútbol rápido y técnico como el que hicimos? Se quiera o no el año 1974 fue el año del fútbol holandés, el de una manera de jugar al fútbol, Todo el mundo se acuerda de aquella Holanda. Fuimos los finalistas de una Copa del mundo más populares de la historia porque dimos espectáculo y placer a la gente. Y para mí eso es lo más importante. Perdimos pero la gente pensó que fuimos los mejores”.

El primero en ganar tres balones de oro

Hay que situarse en el momento. Principios de los 70. Un fútbol sin televisión, o como mucho en blanco y negro y un Campeonato, el holandés, que apenas tenía trascendencia internacional. El Ajax y la oranje comenzaban a hacer su camino al andar con su fútbol total. Por todo ello, Johan Cruyff siempre valoró los tres balones de oro que consiguió y más ser el primer jugador que lo conseguía hasta entonces. “El Balón de Oro es el símbolo de la explosión del fútbol holandés. Yo creo que era el mismo jugador durante esos años. En el último tenía más madurez”.

Números, tenedores, cucharas y cuchillos

Como enviado especial de MARCA tuve la fortuna de presenciar en directo prácticamente todos los partidos del Barça de Cruyff durante dos temporadas y media: 88-90. No era fácil entonces hablar con él más allá de las conferencias de prensa o las entrevistas concertadas… Pero llegó la noche de la gran lección. Inolvidable.

El escenario un hotel infame de la ciudad turca de Tranzonspor. Al día siguiente (19-9-90) el Barça jugaba un partido de la Recopa. Johan, con Rexach a su derecha y creo recordar que Bruins Slot a su izquierda comienza la conversación. Era entonces el único periodista de Madrid que seguía al Barça en todos los partidos, tanto en casa como fuera, y la circunstancia le llamaba la atención.

Sin mediar pregunta comienza a hablar de su equipo. Del sistema, de la ocupación de los espacios, de por qué Lineker tenía que aprender a ser extremo, o el ‘7’, y Ferrer y Sergi centrales a pesar de ser pequeños. Para él los jugadores eran números. Cuando hacía un cambio con decirle al que entraba que iba a jugar de ‘6’ ya sabía que tenía hacer de Bakero, de segundo delantero centro. El ‘7’ y el ’11’ eran los extremos. El ‘2’ y el ‘3’ los marcadores centrales. El ‘4’ el mediocentro…

Cogió los cuchillos, los tenedores, las cucharas y dibujó sobre la mesa su 1-3-4-3. Recuerdo que el vaso era el portero. O sea Zubizarreta. Koeman era un tenedor y se movía hacía delante y hacía atrás. Hablaba deprisa. No le terminaba de entender todo, pero yo no preguntaba. Intuía y aprendía. Charly Rexach también callaba.

La mesa era pequeña y las piezas se amontonaban y entonces fue cuando sentenció que para los peloteros, como él siempre decía, siempre es mejor un campo pequeño que un campo grande y que el fútbol es un juego sencillo y simple pero es extremadamente difícil jugar simplemente. La palabra que más repetía era pelota. Pelota para arriba y pelota para abajo. Esa noche turca me sentí un auténtico privilegiado.

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ArgentinaHolanda perdió la final ante la albiceleste

Johan Cruyff y su misteriosa ausencia del Mundial 1978

Cruyff, en un partido con la selección holandesa.
Cruyff, en un partido con la selección holandesa.

La gran leyenda del fútbol Johan Cruyff nunca ganó un Mundial, en gran parte porque, tras perder ante Alemania la final de 1974, no quiso jugar cuatro años más tarde en Argentina.

La razón por la que el holandés, fallecido el jueves, no acudió a la convocatoria de su equipo nacional para el Mundial 1978 sigue siendo una incógnita.

Holanda volvió a llegar a la final, en la que perdió 3-1 ante Argentina y en la que lamentaron amargamente la ausencia de El Holandés Volador. Una de las hipótesis mencionadas en la época fue un conflicto con la Federación Holandesa con motivo de las primas. Otra teoría, que todavía circula, es “que no quería ir a Argentina para protestar contra la dictadura de Videla (Jorge Videla, en el poder entre 1976 y 1981 y condenado por crímenes contra la humanidad)”, recuerda el amigo del exfutbolista Jordi Finestres.

Efectivamente, durante sus años como jugador del Barcelona (1973-1978), Cruyff se labró una reputación de no tener miedo a hacer públicas sus ideas políticas sobre la dictadura de Franco. “Johan se definía como un hombre ‘social’, ni de derechas ni de izquierdas, pero creía en las sociedades libres y democráticas”, cuenta Finestres.

Las verdaderas razones de su ausencia

Pero, la motivación no fue política, explicó el propio Cruyff en una entrevista al diario peruano Deporte Total. “No fue por eso, si hubiera sido por cuestiones políticas nunca habría jugado en España durante la dictadura de Franco”, afirmó. “Había anunciado mi retirada de la selección en 1977. Me cansé, había cumplido mi ciclo. Se inventaron muchas historias sobre eso”, declaró al diario sudamericano.

Sus razones fueron mucho más personales, como desveló en 2008, 30 años después de los hechos, en las ondas de Catalunya Radio. Antes del Mundial, fue víctima, junto a su familia, de un intento de secuestro en su casa de Barcelona.

“En ese momento vino alguien y me puso un rifle en la cabeza, estaba atado, mi mujer atada, junto con los niños en el piso de Barcelona”, recordó el exfutbolista. Tras ese ataque, “mis hijos iban al colegio con la policía, y en mi casa también tuve vigilancia durante unos cuantos meses. Llega un momento que dices ‘basta’. Hay momentos en que hay otros valores en la vida”, añadió. Tomó la decisión de no alejarse de su familia y de no ir a Argentina varias semanas para el Mundial.

“No tuvo ninguna repercusión” sobre su carrera ya que ya había alcanzado la gloria, asegura Jordi Marcos, autor junto al periodista Xavier Torres de un documental sobre el deportista. Un año más tarde, el futbolista dejó Barcelona, enfadado con los dirigentes y se marchó dos años a Estados Unidos, antes de volver al Ajax de Ámsterdam, el club en el que debutó.

El único Mundial que disputó Johan Cruyff fue el de 1974 en la antigua República Federal Alemana, en el que la selección naranja terminó por ceder ante la selección local, liderada por Franz Beckenbauer.

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FC BarcelonaUno de los duelos que han escrito la historia del fútbol

Cruyff-Beckenbauer: mucho más que una rivalidad

Un duelo de oro: Cruyff vs Beckenbauer. MARCA / La Gazzetta

Pocas rivalidades han resultado tan emblemáticas en el fútbol como la que en su día personificaron Johan Cruyff y Franz Beckenbauer. El genio total holandés que revolucionó el fútbol mundial y el Kaiser, la elegancia personificada desde su posición de líbero.

Sus caminos se cruzaron con Ajax, Bayern, Holanda y Alemania. El Bayern tomó el testigo del Ajax cuando Cruyff fichó por el Barcelona. Pero el duelo por antonomasia de estos dos iconos del fútbol mundial fue uno y sólo uno y se vivió en la final del Mundial de 1974.

Alemania Federal se impuso a Holanda. Los alemanes remontaron el gol de Neeskens de penalti en el primer minuto de partido y Franz Beckenbauer levantó la Copa Jules Rimet al cielo de Múnich. Pero en la historia del fútbol siempre prevalecerá una jugada.

Cruyff robó el balón a sus propios compañeros -así, como suena- en la mitad del campo, arrancó en vertical hacia la portería, Berti Vogts le salió al paso, el holandés le eludió con uno de sus cambios de ritmo antológicos y Uli Hoeness, que pasaba por allí, le zancadilleó al entrar en el área. Holanda había sacado de centro, pasó casi un minuto y los alemanes no tocaron el balón.

Beckenbauer, que se encontraba a unos metros de la jugada, vio al árbitro inglésTaylor señalar el punto de penalti y de inmediato le hizo gestos de protesta. Sabía que no llevaba razón, pero había que intimidarle para el resto de partido.

“Fui campeón del mundo, pero él era el mejor”, se ha cansado de reconocer el Kaiser.

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FC BarcelonaEl legado del técnico holandés

El juego a través de las frases de Cruyff

El juego a través de las frases de Cruyff

Johan Cruyff ejerció como técnico del Ajax entre 1985 y 1988 y del Barcelona desde el 1988 hasta 1996. Con el club de Ámsterdam conquistó dos Copas de Holanda y una Recopa, mientras que dirigiendo al el Barcelona logró cuatro Ligas, una Copa, una Recopa y la primera Copa de Europa de la historia azulgrana. Repasamos su filosofía de juego a través de sus frases más recordadas:

“Demostramos al mundo que puedes divertirte mucho como futbolista, que puedes reír y pasártelo en grande. Yo represento una época que dejó claro que el fútbol bonito es divertido y que, además, con él se conquistan triunfos”

“Al fútbol siempre debe jugarse de manera atractiva, debes jugar de manera ofensiva, debe ser un espectáculo”

“El juego sencillo es el más precioso ¿Cuántas veces ves un pase de 40 metros cuando 20 son suficientes? La solución que parece más fácil es de hecho la más difícil”

“Jugar al fútbol es muy sencillo, pero jugar un fútbol sencillo es la cosa más difícil que hay”

“Yo creo que la gente debería ser capaz de jugar en todas las posiciones del campo. Por eso es tan importante que todos escuchen durante las conversaciones tácticas. El extremo izquierdo no puede dormirse cuando el entrenador habla sobre el lateral derecho”

“Todos los entrenadores hablan sobre movimiento, sobre correr mucho. Yo digo que no es necesario correr tanto. El fútbol es un juego que se juega con el cerebro. Debes estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, ni demasiado pronto ni demasiado tarde”

“Para jugar bien, necesitas buenos jugadores, pero un buen jugador casi siempre tiene el problema de la falta de eficiencia. Él siempre quiere hacer las cosas más bonitas de lo estrictamente necesario”

“Mis delanteros solo deben correr quince metros, a no ser que sean estúpidos o estén durmiendo…”

“Ningún equipo corre tan poco como el Barcelona. Tienen siempre el balón. Son ellos los que marcan el ritmo del partido y deciden donde se juega. Sólo hay un balón y quien lo tiene decide”

“La velocidad es muchas veces confundida con anticipación. Cuando empiezo a correr antes que otros, parezco más rápido”

“Todo el mundo sabe jugar al fútbol si le dejas cinco metros de espacio”

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FC Barcelona#EstadiJohanCruyff

Piden poner el nombre de Johan Cruyff al Camp Nou

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Los aficionados del FC Barcelona ha lanzado una iniciativa en las redes sociales para que el club azulgrana renombre el Camp Nou en homenaje a Johan Cruyff, que este jueves ha fallecido a los 68 años víctima de un cáncer de pulmón.

A través de Twitter, los hinchas ‘culès’ han lanzado el ‘hashtag’ ‘#EstadiJohanCruyff’ para pedir que el club honre la memoria de su exjugador y exentrenador, unánimemente señalado como el arquitecto de la época más gloriosa de la entidad.

Inaugurado en el barrio de Les Corts el 24 de septiembre de 1957, el coliseo azulgrana fue nombrado inicialmente como Estadio del Club de Fútbol Barcelona, pero empezó a ser conocido popularmente como Camp Nou. En el año 2001, una consulta a los socios promovida por el entonces presidente Joan Gaspart confirmó oficialmente su actual denominación.

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